lunes, 22 de mayo de 2017

Gloria al mal humor


Hace un par de días que vengo con un humor de perros. Perros sarnosos. Por nada en especial. Porque sí. Ese mal humor porque sí, porque le pintó. No, no me está por venir. Bueno, si, ya sabemos que nunca es porque sí, suele haber un sentimiento detrás, de rabia, tristeza, frustración, miedo, algún tipo de desamor... si, ok, ¡pero con mal humor no me hagan hablar de esas cosas!

Ese mal humor que hace que, de la nada, le tires patadas ninja de palabras a los que te rodean, justito al primero que se te cruza, pobre...

-Hola, jen. 
-¡A mí no me digas así, pendeja! 
-Pero si te llamás Jen. 
-No, no me estás entendiendo, a mí no me hables así ¡y no me mires así tampoco! 
-Si estamos chateando por whatsapp, nena, ¿de qué hablás?
-... seguro me estarías mirando mal...


Bueno, ese mal humor.

Entonces, en este estadete, es que estoy por sentarme a escribir algo hace días. Pero no hay con qué darle. Cero ganas de escribir más que una buena blasfemada tipo ¡aaahhahahhahah la conchhhhhhaaaaa de todas las loras del galáctico mundo de las loras conchudas todas!

Entonces me acordé de una revelación que tuve una vez, hace un tiempo, cuando no tenía ganas de escribir hasta que me hablé a mí misma, como de costumbre:

-¡Vas yaaaaaa y te sentás ahí! 
-Peroo
-¡Pero nada! Te sentás ahí y te ponés a escribir, soltás ese bizcocho, te sacás el pijama y las pantuflas... - ok, las pantuflas te las podés dejar-... apoyás ese culo que tenés en esa silla y te ponessss a escribiiir!


Entonces, asustada con mi Saturno interno que me ayuda a encarar la vida, me dispuse a escribir, y el hecho de empezar a hacerlo, me cambió el humor y de pronto estaba flotando en las nubes de escribilandia rodeada de unicornios con tutús bailando flamenco. ¡No más mal humor! ¡Sí calza apretada y tanga metida en el hongo! No, mentira, qué incómodo.

Pantuflas.

Así que, esta vez, hice lo mismo. Puse mi culongo en la silla y me puse a escribir. Sobre el mal humor. Y el INMENSO poder de transmutar el pesado metal en oro. Muchas veces odiamos los “malos sentimientos”, sin saber toda la belleza que ocultan. Si uno pone voluntad y un enorme coraje, puede sacar partido de lo más –aparentemente- feo y despreciable. Porque las fuerzas del mal, si se quiere, son también una gran fuerza de impulso, y entonces así, shhh, no se lo cuenten a nadie, pero terminan jugando en favor del bien.

Evitarlas es sólo una forma de esconderlas. En cambio, si las observamos y las transformamos: un enojo se puede convertir en un poema, una rabieta en un intenso paso de baile, la frustración en kilómetros de bicicleta y el mal humor, en un texto para mi blog.

6 comentarios:

  1. Muy bueno! Hoy me ayudaste a canalizar el mal humor que me acompañó todo este fin de semana "largo" que no fue largo al final, en energía y cambiarme el animo. Muchas gracias Jen!!!!
    (Nota: No soy un pendejo, te estoy hablando bien y con buena cara... y esto no es whatsapp!!!!) (^_^)

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    1. Anónimo... me alegra que esta lectura te haya aportado algo positivo. Nada más lindo para quien escribe que lograr inspirar a otros. Abrazo!

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  2. Solo un pasito... el tema es no dejarlo crecer y tratarlo como un compañero cara de culo, y en algún momento se fue..siempre llegan chispas q cambian humor, como este blog ��

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    1. Es cierto, Vittorio, hay que trabajar en uno para no hacerlo crecer porque sino le damos de comer a los seres voladores feos que comen rico del mal humor humano. A hacer chistes hasta que la risa sea tan cierta que contagie. Gracias por tu comentario y por tu música y por tu luz y por tu todo. Y des-pa-cito... ja.

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  3. Ok ok... no pongo más anónimo...
    Hoy también fue útil... que día aaaaaaromoso... :-S

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    1. Ahora me gusta más! Ponerle identidad a los comentarios ;) Un hermosos día feo el de hoy. Besote!

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Tengo unos cuantos textos pendientes que escribir para solteras reales, pero siempre se me interpone algún escenario que amerita su relato....