Resulta que hace tiempo ando con ganas de eliminar de mi vocabulario la expresión “hij@ de puta”, para dejar de poner a las pobres madres y al disfrute sexual de las mujeres como intermediarias en las “puteadas” (hasta en genérico se convirtieron “las putas”, fijate vos).
Pero resulta que cuando la pasás al masculino, es un embole, no se enoja ni tu perro caniche: “hijo de puto”. Es cualquiera. Además, seguro cae mal, porque decir puto es como decir gay, o sea que sería “hijo de gay”, y seguro a los gay no les guste que esa sea una forma de agredir a alguien. Y tendrían razón. Ojo, decir hija de puta ha venido siendo la mandada a cagar más normal y naturalizada del mundo y ninguna puta salió a quejarse, pero bueno, la idea sería lograr no ofender a nadie cuando se quiere ofender a alguien en particular... (¿?).
Muchas veces se dice que las cosas “siempre fueron así”. Que “ahora no se puede ni hacer chistes con...”, con las cosas que siempre se hicieron chistes o de lo que siempre se habló a bombacha suelta como lo más normal. Como el tema del lenguaje machista, que algunos dicen que es cualquiera decir "las y los", "ellas y ellos". Lo que no se ha comprendido es que nadie está hablando de cambiarle el género a las palabras, por ejemplo, decir “las libras” para nombrar a los libros. No creo que entre las palabras tengan dramas de género, de machismo ni feminismo, porque tampoco creo que se caguen a palos o se maten entre ellas. No creo que haya problema si una palabra sale de pollerita corta o si una palabra se pone a llorar.
Cuando se habla del lenguaje de género o del lenguaje no sexista, entiendo yo, se refiere a integrar ambos géneros en los plurales. Porque convengamos que para referirnos a un plural, el asunto se masculiniza, “ellos/los/padres/doctores”... Hasta se dice “el Hombre” cuando se quiere hablar del humano... imaginate. Y cuando dicen que es una estupidez, yo les digo: ok, entonces de ahora en más digamos “ya estamos todas” o “las madres de Pepe” cuando estemos hablando en general y haya algún hombre presente. Supongo que nadie se va a ofender. Es una forma de hablar, nada más... “siempre fue así”, vamos a decir en 200 años...
Cuando ampliamos la conciencia, lo hacemos en todos los sentidos. Una palabra deja de ser sólo una palabra para ser un verbo que actúa, hace y genera. Crea. Por eso no está nada mal hacer consciente lo que decimos, las palabras que usamos. Eso no quiere decir dejar de usar “malas palabras” (casi todo lo comillado es porque se dice así, pero yo no adhiero tanto). Yo adoro a las malas palabras. Bien usadas y en su momento justo, son una forma de sublimar un sentimiento, de expresar de forma más visceral lo que se siente desde las entrañas y eso para mí no tiene nada de malo. Sólo que se debería de cuidar cuándo aplican y cuándo no, en lugar de andar desperdiciando malas palabras por ahí. Con lo maravillosas que son. El “imbécil”, “idiota”, “coger”, “pija”, metidas así como así, no dan. Hay que sentirlas a las palabras.
Entonces volviendo al hija de puta, la puta que los parió y la concha de tu madre, dale que te dale con las madres que son lo más grande que hay (algunas), me pregunto cómo podría cambiar la puteada (ahora que hice sinapsis con la palabra “putear”, también me pega mal decirla, la puta madre, digo, no, ay, el puto padre, ¡no! ¡tampoco!) sin que resulte tan insípida como “hijo de puto” o “hijo de mujeriego”. Qué embole hijo de mujeriego, es una babita, no te mueve ni un pelo.
Estás esperando el bondi hace 40 minutos un lunes a las 12 de la noche en invierno con una lluvia hija de puto, y cuando por fin pasa el condenado, no te para, qué le vas a gritar: ¡chofer hija de mujeriego! O si tenías la entrevista de laburo más importante de tu vida y el hijo de puto del teléfono se queda sin batería en la mitad de la noche a lo que no te suena el despertador, qué le vas a decir: ¡teléfono hijo de mujeriego! Dejate de joder...
No sé. De repente hijo de sorete podría ser. Me gusta como suena. Lo voy a probar. De ahora en más sos un hijo de sorete. Eso va para vos. Naaa, mentira, a vos te quiero.
Pero resulta que cuando la pasás al masculino, es un embole, no se enoja ni tu perro caniche: “hijo de puto”. Es cualquiera. Además, seguro cae mal, porque decir puto es como decir gay, o sea que sería “hijo de gay”, y seguro a los gay no les guste que esa sea una forma de agredir a alguien. Y tendrían razón. Ojo, decir hija de puta ha venido siendo la mandada a cagar más normal y naturalizada del mundo y ninguna puta salió a quejarse, pero bueno, la idea sería lograr no ofender a nadie cuando se quiere ofender a alguien en particular... (¿?).
Muchas veces se dice que las cosas “siempre fueron así”. Que “ahora no se puede ni hacer chistes con...”, con las cosas que siempre se hicieron chistes o de lo que siempre se habló a bombacha suelta como lo más normal. Como el tema del lenguaje machista, que algunos dicen que es cualquiera decir "las y los", "ellas y ellos". Lo que no se ha comprendido es que nadie está hablando de cambiarle el género a las palabras, por ejemplo, decir “las libras” para nombrar a los libros. No creo que entre las palabras tengan dramas de género, de machismo ni feminismo, porque tampoco creo que se caguen a palos o se maten entre ellas. No creo que haya problema si una palabra sale de pollerita corta o si una palabra se pone a llorar.
Cuando se habla del lenguaje de género o del lenguaje no sexista, entiendo yo, se refiere a integrar ambos géneros en los plurales. Porque convengamos que para referirnos a un plural, el asunto se masculiniza, “ellos/los/padres/doctores”... Hasta se dice “el Hombre” cuando se quiere hablar del humano... imaginate. Y cuando dicen que es una estupidez, yo les digo: ok, entonces de ahora en más digamos “ya estamos todas” o “las madres de Pepe” cuando estemos hablando en general y haya algún hombre presente. Supongo que nadie se va a ofender. Es una forma de hablar, nada más... “siempre fue así”, vamos a decir en 200 años...
Cuando ampliamos la conciencia, lo hacemos en todos los sentidos. Una palabra deja de ser sólo una palabra para ser un verbo que actúa, hace y genera. Crea. Por eso no está nada mal hacer consciente lo que decimos, las palabras que usamos. Eso no quiere decir dejar de usar “malas palabras” (casi todo lo comillado es porque se dice así, pero yo no adhiero tanto). Yo adoro a las malas palabras. Bien usadas y en su momento justo, son una forma de sublimar un sentimiento, de expresar de forma más visceral lo que se siente desde las entrañas y eso para mí no tiene nada de malo. Sólo que se debería de cuidar cuándo aplican y cuándo no, en lugar de andar desperdiciando malas palabras por ahí. Con lo maravillosas que son. El “imbécil”, “idiota”, “coger”, “pija”, metidas así como así, no dan. Hay que sentirlas a las palabras.
Entonces volviendo al hija de puta, la puta que los parió y la concha de tu madre, dale que te dale con las madres que son lo más grande que hay (algunas), me pregunto cómo podría cambiar la puteada (ahora que hice sinapsis con la palabra “putear”, también me pega mal decirla, la puta madre, digo, no, ay, el puto padre, ¡no! ¡tampoco!) sin que resulte tan insípida como “hijo de puto” o “hijo de mujeriego”. Qué embole hijo de mujeriego, es una babita, no te mueve ni un pelo.
Estás esperando el bondi hace 40 minutos un lunes a las 12 de la noche en invierno con una lluvia hija de puto, y cuando por fin pasa el condenado, no te para, qué le vas a gritar: ¡chofer hija de mujeriego! O si tenías la entrevista de laburo más importante de tu vida y el hijo de puto del teléfono se queda sin batería en la mitad de la noche a lo que no te suena el despertador, qué le vas a decir: ¡teléfono hijo de mujeriego! Dejate de joder...
No sé. De repente hijo de sorete podría ser. Me gusta como suena. Lo voy a probar. De ahora en más sos un hijo de sorete. Eso va para vos. Naaa, mentira, a vos te quiero.
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