Este sábado 25 de noviembre es el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia hacia la Mujer -cada vez más largo el nombre-.
Algunos colectivos feministas manejan la idea de que la violencia, comienza con la desigualdad. Y yo no puedo estar más de acuerdo. La violencia física, el abuso y la muerte, son la máxima expresión de la violencia hacia las mujeres. Pero antes de llegar a esos extremos, pasan muchas otras cosas que suelen estar naturalizadas.
La mayoría piensa: “siempre fue así”, “eso es normal”, “no exageren”. Sin embargo, pensar o hacernos creer que exageramos, es otra forma de control y manipulación por parte del sistema patriarcal en el que vivimos hace… ya demasiado tiempo.
Estas conductas, que son aprendidas y que se transmiten de generación en generación, son tan pequeñas y cotidianas como recibir “piropos” en la calle constantemente -y cuando digo constante es al menos uno por cuadra-. Tener que pensar qué nos ponemos y qué no, en función de lo que hagamos; si voy a andar en bondi, mmm, no, mejor me pongo una pollera más larga… Si llega a llover y ando con una remera blanca, mmm, se me pueden transparentar los pezones… Que nos exijan estándares de belleza muy altos, casi irreales; pero si el tipo es un gordo panzón, te anda luciendo la buzarda en la playa de lo más tranca. Tener el mismo laburo que un hombre y ganar, probablemente, bastante menos. Etc., etc., etc.
Es importante igual, saber o recordar, que los cambios de conducta no cambian la conciencia. Es el cambio de conciencia lo que modifica la conducta.
Esto quiere decir que dejar de decirle a una mujer cosas en la calle, desde una postura moral, puede hacer que esa actitud simplemente se reprima y entonces, la pulsión interna se agrande. En cambio, si comenzamos por hacernos conscientes y, por ejemplo, nos preguntamos: ¿por qué molesto a las mujeres en la calle? ¿Qué me hace pensar que tengo ese derecho? ¿Cómo me hace sentir? ¿Más poderoso? ¿Más hombre? ¿Qué creencias tengo sobre la hombría y la masculinidad? ¿Y sobre la feminidad? Entonces ahí lo llevo a la conciencia y mis comportamientos cambian por añadidura.
Esto quiere decir que dejar de decirle a una mujer cosas en la calle, desde una postura moral, puede hacer que esa actitud simplemente se reprima y entonces, la pulsión interna se agrande. En cambio, si comenzamos por hacernos conscientes y, por ejemplo, nos preguntamos: ¿por qué molesto a las mujeres en la calle? ¿Qué me hace pensar que tengo ese derecho? ¿Cómo me hace sentir? ¿Más poderoso? ¿Más hombre? ¿Qué creencias tengo sobre la hombría y la masculinidad? ¿Y sobre la feminidad? Entonces ahí lo llevo a la conciencia y mis comportamientos cambian por añadidura.
Para mí, detrás de la desigualdad, hay algo más profundo. Porque entonces, si la violencia nace con la desigualdad: ¿por qué hay desigualdad?
Creo que la fuerza física nos puso en un lugar de sometimiento y eso, poco a poco, fue generando una desvalorización total del lugar de la mujer. Eso. Yo creo que el problema es la falta de valor real que tenemos las mujeres en la sociedad. Si valoro algo, no lo descuido, ni lo desprecio. Si tengo un anillo de oro y no sé lo que vale el oro, es insignificante. Sin embargo, si reconozco el valor que tiene este metal, lo cuido, lo VAL-ORO.
Si las mujeres fuéramos valoradas por lo que somos -y estoy hablando desde la creencia porque nos movemos por “creencias” y “escala de valores”-; si fuéramos percibidas por el valor que en verdad tenemos (el mismo valor que tiene el hombre), no habría golpes, violaciones, abusos de poder, mal tratos, ni desigualdad. Habría diferencia, pero la que nos une, no la que nos separa.
Ya que Solteras Reales es un blog que absorbe la realidad (al menos la que yo percibo como tal) y luego intenta transformarla a través del humor y la catarsis, no voy a abordar el tema de la desigualdad desde lo trágico. En cambio, voy a tomar un símbolo muy sencillo; un acto que muchas mujeres evitamos por miedo a pasar un momento incómodo:
COMER UNA BANANA EN LA CALLE.
¿Será que habrá un acto más natural e inocente que comer una banana? Pues si sos mujer y salís a la calle comiendo una, seguramente recibas halagos como: “cómo te gusta la banana”, “mejor comete esta banana”, entre otras linduras. O que te miren con ojos libidinosos o te toquen bocina, que es lo mismo, ya que todo comunica.
Parece algo banal (o bananal ;) pero, no es así. Es una forma de mostrar cómo este tipo de situaciones tan pequeñas, nos pasan todos los días a las mujeres desde que somos niñas. Evitar chupar el helado o comer una banana en público, taparnos la cola, estar siempre depiladas y no ser demasiado libres, no sea cosa que nos dejen de querer…
Por eso, te propongo que este sábado 25 de noviembre salgas a la calle comiendo una banana. Sí, te lo juro, algo tan sencillo como eso. Como forma de transformar desde lo más pequeño. Si querés, además, te sacás una foto y la subís a la red social que uses, pero eso no es lo más importante.
Tal vez parezca una estupidez, pero creeme, en un universo cargado de símbolos, no lo es.
Esta no es una forma de provocar ni violentar a los varones. La idea es dejar de estar confrontados para estar más unidos, las mujeres y los hombres. Para eso estamos hechos, para complementarnos.
Que así sea.
