viernes, 24 de noviembre de 2017

Es tan solo una banana

Este sábado 25 de noviembre es el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia hacia la Mujer -cada vez más largo el nombre-.

Algunos colectivos feministas manejan la idea de que la violencia, comienza con la desigualdad. Y yo no puedo estar más de acuerdo. La violencia física, el abuso y la muerte, son la máxima expresión de la violencia hacia las mujeres. Pero antes de llegar a esos extremos, pasan muchas otras cosas que suelen estar naturalizadas.

La mayoría piensa: “siempre fue así”, “eso es normal”, “no exageren”. Sin embargo, pensar o hacernos creer que exageramos, es otra forma de control y manipulación por parte del sistema patriarcal en el que vivimos hace… ya demasiado tiempo.

Estas conductas, que son aprendidas y que se transmiten de generación en generación, son tan pequeñas y cotidianas como recibir “piropos” en la calle constantemente -y cuando digo constante es al menos uno por cuadra-. Tener que pensar qué nos ponemos y qué no, en función de lo que hagamos; si voy a andar en bondi, mmm, no, mejor me pongo una pollera más larga… Si llega a llover y ando con una remera blanca, mmm, se me pueden transparentar los pezones… Que nos exijan estándares de belleza muy altos, casi irreales; pero si el tipo es un gordo panzón, te anda luciendo la buzarda en la playa de lo más tranca. Tener el mismo laburo que un hombre y ganar, probablemente, bastante menos. Etc., etc., etc. 

Es importante igual, saber o recordar, que los cambios de conducta no cambian la conciencia. Es el cambio de conciencia lo que modifica la conducta.

Esto quiere decir que dejar de decirle a una mujer cosas en la calle, desde una postura moral, puede hacer que esa actitud simplemente se reprima y entonces, la pulsión interna se agrande. En cambio, si comenzamos por hacernos conscientes y, por ejemplo, nos preguntamos: ¿por qué molesto a las mujeres en la calle? ¿Qué me hace pensar que tengo ese derecho? ¿Cómo me hace sentir? ¿Más poderoso? ¿Más hombre? ¿Qué creencias tengo sobre la hombría y la masculinidad? ¿Y sobre la feminidad? Entonces ahí lo llevo a la conciencia y mis comportamientos cambian por añadidura. 

Para mí, detrás de la desigualdad, hay algo más profundo. Porque entonces, si la violencia nace con la desigualdad: ¿por qué hay desigualdad? 

Creo que la fuerza física nos puso en un lugar de sometimiento y eso, poco a poco, fue generando una desvalorización total del lugar de la mujer. Eso. Yo creo que el problema es la falta de valor real que tenemos las mujeres en la sociedad. Si valoro algo, no lo descuido, ni lo desprecio. Si tengo un anillo de oro y no sé lo que vale el oro, es insignificante. Sin embargo, si reconozco el valor que tiene este metal, lo cuido, lo VAL-ORO.

Si las mujeres fuéramos valoradas por lo que somos -y estoy hablando desde la creencia porque nos movemos por “creencias” y “escala de valores”-; si fuéramos percibidas por el valor que en verdad tenemos (el mismo valor que tiene el hombre), no habría golpes, violaciones, abusos de poder, mal tratos, ni desigualdad. Habría diferencia, pero la que nos une, no la que nos separa. 

Ya que Solteras Reales es un blog que absorbe la realidad (al menos la que yo percibo como tal) y luego intenta transformarla a través del humor y la catarsis, no voy a abordar el tema de la desigualdad desde lo trágico. En cambio, voy a tomar un símbolo muy sencillo; un acto que muchas mujeres evitamos por miedo a pasar un momento incómodo:

COMER UNA BANANA EN LA CALLE. 

¿Será que habrá un acto más natural e inocente que comer una banana? Pues si sos mujer y salís a la calle comiendo una, seguramente recibas halagos como: “cómo te gusta la banana”, “mejor comete esta banana”, entre otras linduras. O que te miren con ojos libidinosos o te toquen bocina, que es lo mismo, ya que todo comunica. 

Parece algo banal (o bananal ;) pero, no es así. Es una forma de mostrar cómo este tipo de situaciones tan pequeñas, nos pasan todos los días a las mujeres desde que somos niñas. Evitar chupar el helado o comer una banana en público, taparnos la cola, estar siempre depiladas y no ser demasiado libres, no sea cosa que nos dejen de querer… 

Por eso, te propongo que este sábado 25 de noviembre salgas a la calle comiendo una banana. Sí, te lo juro, algo tan sencillo como eso. Como forma de transformar desde lo más pequeño. Si querés, además, te sacás una foto y la subís a la red social que uses, pero eso no es lo más importante. 

Tal vez parezca una estupidez, pero creeme, en un universo cargado de símbolos, no lo es. 

Esta no es una forma de provocar ni violentar a los varones. La idea es dejar de estar confrontados para estar más unidos, las mujeres y los hombres. Para eso estamos hechos, para complementarnos. 

Que así sea.


martes, 7 de noviembre de 2017

Es lo que hay

Ponele que saliste con alguien, no gustaste y la dejaste por ahí, ¿qué es lo primero que te dicen tus amigas, tus hermanas o tu vieja? “A vos no te viene bien nada”. Bah, en verdad lo que te dicen es: “a vos no hay poronga que te sirva”. Mi mamá nunca diría eso porque es bien hablada, pero las demás, manga de malandras, seguro que sí. 

Porque resulta que salís con uno cada 8 o 9 meses (con viento a favor, ojo, en ese caso estás levantando que es un disparate) y parece que te tenés que enamorar hasta las tetas… Pero no, señores. Eso no es así. No es tan fácil engancharse y menos del único tipo con el que salís en un año. Y eso no te convierte ni en una histérica ni en una mujer muy exigente. En lo que sí te puede convertir es en una pajera, porque bueno, uno por año… 

Encima cuando se enteran que dejaste de salir con ese talcito o que ni siquiera concretaste salida, uh lalá, agarrate, la catarata de consejos súper útiles que se te viene: “aunque no te guste de una, le tenés que dar otra chance”, “yo al principio no gustaba mucho de mi novio, pero después con el tiempo…”, “tenés que salir más”, “¿y si te movés en otros círculos?”. 

Y cuando me hablan de alguna persona a la que me quieren presentar, me suelen decir que es ideal para mí… porque es igual a mí. Pero ¿para qué quiero alguien igual a mí? Como si no me alcanzara con tenerme todos los días hace 36 años. Yo quiero a alguien diferente a mí, que me complemente. Alguien de donde exportar eso que yo no tengo o al menos eso que creo no tener (pistola, por ejemplo, si viene con eso anexado me vendría al pelo). 

Pero, más allá de cómo sea la persona, gordo, pelado, peludo, lomudo, vergudo, piltrafa, canchero, bobongo, espiritual, medio neanderthal, buen tipo, un bandido… Yo creo que cada mujer es un mundo y que amamos y nos dejamos amar de formas bien distintas. Los consejos son una hermosura y hablan del interés de esa amiga que te quiere bien. El tema es, ¿cómo es estar bien para cada una? 

Cada mujer tiene sus heridas y sus formas de sanarlas. Cada mujer siente distinto, algunas necesitamos sentir mucho para poder ir a más, mientras otras necesitan tiempo para ir amando. Algunas prefieren estar solas y es cierto. Otras eligen estar solas, pero en el fondo no es lo que quieren. Algunas mujeres agarran lo que venga. Mientras otras, prefieren esperar. 

Yo, para ser infeliz comiendo perdices en pareja, prefiero cenar rapiditas sola. Sola conmigo misma, hasta que llegue ese día en que aparezca ese otro u otra (ese Ser) que esté dispuesto a conocerme un poco más y yo también. 

Pero no me vengan con que me quede con lo que hay. Que siga probando cuando no quiero. Si siempre confié fuerte en mi instinto que lo sabe todo, ¿por qué voy a seguir a otra voz que no sea la mía personal? Ni tampoco me pidan que fuerce cosas que yo bien sé, se tienen que dar de forma natural. 

Si tenés que conocer a alguien, si es el momento y el lugar, va a ser el tipo del cable que aparece de improvisto en tu balcón. O va a ser la historia más aburrida del mundo, pero con el hombre que te guste de verdad. 

No. No me vengan con que es lo que hay. Yo quiero que el delivery del amor me traiga lo que le pido y si se equivoca, mínimo que vuelva con fritas y postre de regalo.

Hay que, las pelotas

Tengo unos cuantos textos pendientes que escribir para solteras reales, pero siempre se me interpone algún escenario que amerita su relato....