jueves, 27 de abril de 2017

Tonteoría #1


Porqué a las mujeres de más de 30 nos cuesta un ovario conseguir dos huevos.

A mí me gusta observar la realidad y filosofar sobre la vida. Así es que, muchas veces, termino desarrollando ciertas teorías que tal vez no resuelven nada, pero probablemente me den seguridad. Les llamo “tonteorías” no porque las crea poco inteligentes. Sino porque la vida, con toda su sabiduría, en la mayoría de los casos, se ha encargado de cagarme a tortazos para demostrarme que las teorías son una huevada, que este y todos los universos se rigen por leyes mucho más trascendentales y que la incertidumbre, es condición sine qua non para caminar por la vida. Y que además, la mente inferior -y sus teorías-, nunca van a dominar a la mente superior, en donde la lógica y la razón, sorry, macho, pero no tienen cabida.

Esta tonteoría trata de comprender porqué a las mujeres mayores de 30 años, nos está costando tanto encontrar novio, amante, hueso u osito tierno pa´ cucharear.

La primera premisa es la más obvia: los hombres temen que con tocarnos una teta por arriba del buzo, vamos a quedar embarazadas y eso les hace salir corriendo. Por más que a nosotras nos pueda parecer un divague, la lógica es que nuestra biología puede estar pidiendo a gritos un crío antes que la fábrica se funda por improductividad.

La segunda, igual que la anterior, hace referencia a nuestra biología y explica algo bastante crudo, pero no menos real. Las mujeres nos vamos poniendo menos fértiles, mientras que los varones, tienen más tiempo de reproducción. Y eso, el lado animal del macho, lo huele. La hembra de 17, 20, 25 años, está más fresquita y los óvulos están on fire*. Eso debe de tener cierto olorcito a perfume especial que lleva al macho a mirar en esa dirección. Las mujeres vamos creciendo, madurando y poniéndonos cada vez más divinas en otro montón de cosas, pero claro que eso lo pueden ver y apreciar unos pocos. Si bien también estamos más que buenas a esta edad, creo que esto del eau de pendejeaux pesa y mucho.

La tercera premisa, por fin ahora sí apelando a lo emocional, es que vos ya estás bastante harta. Tus experiencias amorosas te hicieron más fría y escurridiza. Tu corazón viaja herido y como tal, ya no quiere exponerse tanto. Pero además, las experiencias te han hecho maestra y por ende, ya sabés lo que seguro NO querés. Salís menos, tenés menos chances de conocer gente y si te ponés a estudiar algo, ya no suelen ser esas clases llenas de pendejos divinos. Por el contrario, te clavás unas clases de salsa donde el profe es gay y el resto son todas minas. Ser torta vendría siendo la opción más rentable.

La última premisa que conforma esta tonteoría es más coyuntural y tiene que ver con nuestro país. No sólo porque somos tres personas, mi gata y cinco mosquitos, que obviamente la pone más difícil a la hora de encontrar los huevos de pascua. Y que hay menos movida nocturna que en otros países y bla, bla, bla. Sino que además, junate esta, mamu: los muchachos que ahora tienen entre 35 y 40 años (target hacia donde apuntamos todos los misiles), en el 2002 tenían entre 20 y 25 años, cuando muchos de ellos se fueron a la mierda. Seguramente emigraron hombres y mujeres, no tengo números ni me interesa tenerlos porque las tonteorías son charlas de bar, no de periódico, pero casi convencida te digo que muchos de los que se fueron, eran pibes jóvenes y solos.

Ni hablar que los que se quedaron acá ya están ennoviados, casados y con tres críos por cabeza. Pero gracias a Dios y a las épocas modernas y los divorcios, ahora muchos ya están en la segunda vuelta, libres como golondrinas (¿y en busca de eau de pendejeaux?). Y los que también andan en la vuelta, dicho sea de paso, son los que emigraron en el 2002, así que, a todos ellos, chiquilines: bienvenidos. Las treintañeras los esperamos en la aduana, llenitas de sabiduría y este par de melones frescos y listos para comer.

*Me encanta poner en cursiva las palabras en otro idioma, es como re formal.

jueves, 20 de abril de 2017

Tinder | Capítulo 1

Tenía dos opciones: o me compraba una sotana o me hacía un Tinder. Y bueno, como no encontré sotanas por ningún lado... Es que sí, tengo 35 años, todavía tengo las tetas bastante entrables como para entregárselas a Dios.

Y está brava la calle. Fijate que en cualquier momento me entro a hacer el bocho con el control del ginecólogo. Na, es de locos. Antes los tipos te daban el raje después del sexo, ahora ni siquiera llegás a verles la cara que ya te dejaron de escribir. Es de locos, parte II.

Te cuento, amiga lectora, que me resistí un montón. Pero de copadita, ¿eh? De orgullosa. Imaginame haciendo trompita con la boca, señalándome a mí misma con el dedo, abriendo los ojos grandes y diciendo: “¿yooo un tindeeeer?”. Como si fuera la última Coca Cola en el desierto y viviendo de los buenos recuerdos, cuando no me resultaba difícil salir con hombres (hasta hace nada). Entonces hacerme un Tinder era algo impensable para mí, posta.

Además, sumémosle que vengo estando muuuy bicho y el asunto pareja no venía siendo mi prioridad. El tema es que bueno... ¿la sotana? ¿Te-pa-re-ce? Qué embole. Entonces hace pocos días, ¡tracate! Me hice un Tinder, ¡soy una Tinderella! Yuipiiii... (matame).

Lo primero que me pasó fue genial. Vi fotos de hombres y empecé a pasarlas con el dedito como si fuera Disneylandia. Al rato, me doy cuenta que no tenía ni la más puta idea de cómo funcionaba, así que me miré un tutorial. Morite cuando me doy cuenta que, eso que estaba haciendo con el dedito sobre las fotos, ¡era darles Like! (matame parte II).

Una vez que comprendí cómo funcionaba ese mágico mundo, empecé a darles likes a quienes sí me gustaban. ¿No te digo que me empezaron a caer matches y matchos a lo grande??! Primer regalo mega superfluo pero no menos humano de Tinder: te levanta el ego a lo bobo. La autoestima no porque se supone que el amor propio es eso, propio, no de afuera hacia dentro, sino de adentro hacia fuera. Pero el ego, ufa, mamita santa. Se me hincharon todas las tetas de la emoción.

Pero, los días pasan y tampoco es la gran cosa. Parece ser que cuando sos nueva o nuevo en Tinder, es novelería, sos la nueva de la clase. Chateás con uno, con otro, te dejás de hablar con uno, después con otro. Es como tener una caramelera llena de Sugus pero no te dan ganas de comerlos, te empalagaste de solo mirarlos. Es raro... yo asumo mi parte, que no es tanto de histérica, sino de haber entrado a probar el juego, pero no saber bien cómo jugar. De repente porque no es el tipo de juegos que más me gustan. Prefiero el chancho va, toda la vida. Me fascina el amor, el romance y la conquista, pero esto de hablar con una foto, es raro. Hay que meter mucho ovario para llegar a verte, sabiendo que puede ser un garrón, para los dos, obvio.

Lo que me sorprendió es el nivel de relajete que hay. Porque se sabe que es una app de levante, pero entre humanos y no animales, ¿o yo le erré de app? Ay, boluda, ¿no me digas que me hice de zoonder? Te juro que uno, de foto principal, tenía una imagen de dos perros volteando, posta... matate; no me mates a mí, matate vos esta vez, yo ya me morí dos veces.

El punto es que te bajan el hacha muy rápido. Te hacen preguntas muy hot de una. Pará, mi cielo, dejame contarte antes cuál es mi color favorito por lo menos. Al final, al tercero o cuarto, le decís de una: “tengo bombacha beige, culote, sí me gusta que me acaricien las nalgas y no voy a ir a tu casa ahora mismo porque estoy mirando una peli romántica con bizcochos...”. Y capaz que justito ese era el amor de tus sueños y tu príncipe de colores raros. En fin.

Otra cosa loca que me viene pasando con Tinder es que voy por la calle medio paranoiqueada y si uno me mira raro, pienso: “ay, la puta madre, me vio en Tinder...”. Dentro de poco empiezo a salir de lentes negros y bigote.

Y por último, amigas de mi corazón, para terminar con este primer capítulo de Tinder, quiero contarles un secreto mágico que nunca nadie les confesó: creo que hacerse un Tinder es la mejor forma de conocer a alguien genial, pero dentro o fuera de Tinder.

De ir caminando por la calle y que alguien te estornude en la cara sin querer y ¡sácate!, se enamoran. O un amigo que te presentó tu primo segundo. Como sea. La magia está en la intención. En haber abierto tu corazón (y las piernas también, de pronto, porqué no). En haber enviado la señal de “okeyyy, estoy lista para dar y recibir amo-oor” (del romántico, ya sabemos que EL amor es algo mucho más amplio) y abrirte al mundo. Porque estabas toda cerrada, hermética, y el sólo hecho de sumarte a una aplicación de parejas, mmm, quiere decir algo... Andás con ganas de amor, mi santita. Y cuando La Fuente escucha “amor”, nos lo da.

Pero ojo, no nos olvidemos nunca de darnos una buena ración de amor a nosotras mismas primero, cada mañana, con el desayuno. Y después si: están tocando el Tinnnnndeeeeerrr ;)

miércoles, 19 de abril de 2017

La pepa pig


Manual para los amantes de la merluza: cómo tocarla y mimosearla.

1. La sopapa no. No, no. No es necesario que nos aspiren el clítoris y todo lo que haya en la vuelta. Posta. Duele.

2. Lengua rígida y en helicóptero, tampoco. Suave, hay un mundo lleno de delicadeza ahí abajo, mi ángel, hay que laburarlo con sutileza.

3. Si te estuviste comiendo un chorolo al pan antes de venir y no te lavaste las manos, no me vengas a tocar la peporra, te lo pido por favor. Los antibióticos te los tomás vos después con el bicherío que me agarro.

4. Si vas a pasar los dedos por la puerta de atrás, te pido que por favor cambies de manito antes de ir a la puerta principal. Sino después me agarra la escherichia coli y no la ponemos ni en un año, te aviso.

5. No quieras bajar en tres segundos, papu, déjame entrar en confianza, o sea, es mi tesoro escondido, no lo quieras encontrar tan pronto, tramposito... bandido, michi-bichi, dale tiempo, dale tranqui.


La pepa pig es un tesoro. Es una zona llena de energía femenina, es sagrada. Y sagrado no es lejano ni intocable. Sagrado es comer, respirar, dormir, y lo hacemos todo el tiempo. Sagrado es que tiene un lugar especial y que debe ser cuidado. El sexo también lo es. No importa si es con un pibe o piba que conociste hace un ratito y decidiste unir tu campo energético con el suyo, está muy bien. Pero está bueno hacerlo a conciencia y sabiendo que el sexo, es sagrado.

Que las mujeres con el orgasmo hacemos vibrar hasta la última molécula del universo y que si queremos, podemos incluso evolucionar espiritualmente a través del sexo, como hacían antes las mujeres magas. Entonces, no está mal que podamos contarnos cómo nos gusta, ¿verdad? Sin miedos, poder comunicarnos, si es lo más natural del mundo. Natural y sagrado no están separados, al revés, lo natural es sagrado. Así que, papucho del cielo, cuidame a la cachorra como yo a vos, te cuido la chorola.

martes, 11 de abril de 2017

Las uñas de la existencia


Antes me confundía y me desorientaba el hecho de pasar de estar reflexionando acerca de cosas muy zarpadas como el origen de la existencia y que de golpe, algo me distrajera y me hiciera pensar en las cosas más pelotudas del mundo.

Antes, eso me confundía, si. Era como: ¡cuántas personas hay dentro mío, por Dios! ¿Y cómo todas ellas pueden ser tan distintas? Antes me confundía, si, pero ahora... me encanta.

Por ejemplo, estaba en mi cama leyendo unos textos muy místicos y apasionantes (a veces pienso que podría estar semanas enteras encerrada leyendo sobre los misterios de la vida, y comiendo, obvio, siempre comiendo, una picadita, helado, un fainá) y de pronto me miro los pies y pienso: ¡pará! ¿cuándo pasó esto? ¡¿Cuando pasó esto de que la carne de los dedos me comiera las uñas y me quedaran así de chiquitititas, como los pies de mi madre?! ¿¿Qué pasa con los pies?? En serio ¿Por qué eran lindos y ahora se están torciendo todos? ¡y las uñas! ¡están chiquititas!

Te das cuenta de lo que hablo, ¿no? No lo del cambio brusco de pensamientos, sino lo de los pies. ¿Te pasó que las uñas tenían un tamaño y una forma ordenada, y de repente empezaron a ser chiquitas y todas torcidas? Es tremendo síntoma de jovie eso, ¿no? Y bueno, ok... me la banco. A envejecer se ha dicho. Todo bien.

Y en cuanto a lo otro, lo de pasar de pensar en los nueve cuerpos que nos habitan como seres espirituales que somos, a preocuparse porque las uñas de los pies están amorfas... eso está buenísimo. Porque todo eso es la vida. Los cuerpos sutiles y las uñas de los pies. Porque Somos entre el Cielo y la Tierra. Porque bajamos a experimentar esto de ser humanos y los humanos, tenemos uñas.

domingo, 9 de abril de 2017

10 kilos de diferencia


Me sorprende la facilidad con la que los hombres te demuestran si les interesás más o les interesás menos. 

Hay 10 kilos de diferencia entre que un hombre súper interesado en vos y que no lo esté.

Ellos son muy distintos cuando tenés un par de cazatas de helado encima, a cuando te clavaste una dieta detox con tres meses profundos de gimnasio. Básicamente el mismo tipo que no te registró en el primer ejemplo de las cazatas, te vino a hablar y te quiere recontra entrar después del spinning y el montón de kilos menos.

Tengo más que presente que no son solo los kilos. También es la actitud que vos tenés con esos kilos menos. Te sentís más linda, gustás más de vos misma y eso que pasa adentro, se refleja afuera. Puede que gustes más de vos misma porque la sociedad nos exige más delgadas. Pero, con suerte, si sos una tipa con cabeza, gustás más de tu nueva figura porque sabés que alimentarse sano te hace bien, que estar un poco más delgada te hace sentir más cómoda, más liviana, y que sentirte bien contigo misma es una forma más de demostrarte amor. Claro que “estar más delgada” para algunas será pesar 50 y para otras, pesar 80, no importa. El asunto es que, según tus parámetros de belleza, entres dentro de lo que quisieras ver en vos.

Ahora bien, una vez saneado el asunto más profundo de la belleza interior y exterior que, convengamos, son la misma cosa; podemos volver al punto de que los tipos cambian demasiado su actitud cuando pegás un estirón de flacura.

Y es un poco fastidioso. Al ego le recontra cierra que te miren porque estas más buena pero, la realidad es que es un poco violento. Es violento que el mismo tipo que te dejó de escribir, cuando te ve más linda de pronto se interese en escucharte hablar de Astrología y tu Venus en Géminis, cuando le había interesado un huevo hace un par de meses, o que ahora te sonría de otra forma (o que ahora te sonría, punto) o que de golpe le importen pila todos tus dilemas existenciales.

Come on, flaco, ¿te pensás que no nos damos cuenta? Y nos molesta más cuando nos diste bola que cuando no lo hiciste, porque sabemos que en verdad, hay solo 10 kilos de diferencia.

*Este post no aplica a TODOS los hombres, es una generalización. Por favor no se me ofendan los despegados, que los hay y muchos. Tranca, no sos vos, soy yo…

¿Quién sos, man?


Esto, para nosotras las mujeres (¡aunque ojalá algunos hombres lean este blog!), no es ninguna novedad. Lidiamos con esta bazofia desde que somos niñas: las cositas que nos dicen los hombres cuando vamos por la calle.

Sería un cliché a esta altura hablar del tema, pero mientras moleste, no lo es. Lo que quiero contar hoy son un par de cosas que me dijeron en la calle, que no han sido niiiiiiahiiiii las peores, pero se dieron en un mismo día y en ambas ocasiones, pensé lo mismo.

A la tarde, iba yo caminando tranquilamente cuando me cruzo con dos flacos. Uno le dice al otro (pero en realidad me lo dice a mí en la cara): “un favor le hago”. Yo sólo atiné a darme vuelta y decirle: “¿perdóoooon???”. Pero se me cayeron unas monedas que llevaba en la mano y bueno, arruiné toda posibilidad de respuesta. Qué más da, igual a ellos les hubiese chupado un huevo. Pero me hubiese encantado tener el tiempo de decirle: “el único favor que me podés hacer es arreglarte esa cara de bagarto que tenés...”.

Pero, bue, sabemos que con resentimientos y reacciones del ego, no llegamos a ningún lado, así que, gracias monedas...

Más tarde, de nuevo, otros dos pibes me escanean y se dicen algo entre ellos que no logré escuchar bien, pero era una onda: "y eso, ¿cómo estaba?". Decidiendo entre ellos dos si yo estaba dable o no.

Mi pregunta, entonces, es: ¿quiénes se creen que son los hombres para andar poniéndonos puntaje a las mujeres por la calle a troche, moche y conche de le lore? O sea... loco, posta, quién se creen que son??? ¿Quién les pidió que nos contaran si estamos o no buenas, si les gustamos o no? Primero que todo: ¿vos te miraste un segundo en un espejo, bagayo del cielo?

Me estoy acordando ahora que hace unos días, desde mi lugar favorito en la Tierra: mi balcón, escuché las conversaciones de unos vecinos que estaban haciendo un asado en frente. Ojalá no los hubiese escuchado pero, bueno, es mi balcón y es su parrillero. Uno de ellos contaba algo sobre una “gorda” a la que se había “comido”: “le brillaban los ojitos a la gorda”, dijo... No, no, posta... ¿quién se creen que son? No le pude ver la jeta al pibe, pero estoy segura que no era Benicio del Toro, ¿entendés?

Yo soy de pensar que los hombres están de más. De verdad te lo digo. Tengo muchos amigos varones que A-DO-RO. Hermanos varones a quienes también adoro y tuve novios, amantes y amores que deben haber sido, por lejos, de los mejores inventos de Dios.

Con esto quiero decir que no pienso que sean todos unos pajeros. Muy lejos de eso, creo que muchos hombres son unos magos muy zarpados. Pero, entonces: ¿por qué hacen esas pavadas algunos? ¿Cuándo van a tomar la inteligente decisión de alejarse un poco de su lado animal para acercarse al espíritu que somos? Posta.

Decenas de veces he escuchado a hombres decir que cuidan a sus hermanas, esposas e hijas, porque “sabemos cómo somos los hombres”. Entonces, yo los invito a que cada uno cambie, desde su individualidad y su responsabilidad como machos del planeta y así, volver a confiar ustedes mismos en los demás hombres, haciendo de este mundo un lugar mejor para nosotras y también para ustedes.

Anchamente


¿Por qué la gente te avisa que estabas gorda cuando ya no lo estás? ¿No da para que te tiren esa data un cachito antes?

"Estás como (gesto haciendo la forma de una guitarra con las manos) más flaquita, habías estado más ancha, pero ahora...", me dijo un amigo hace poco. 

Ta, ok. ¿Y por qué no me lo dijiste mientras estaba ancha? No te digo que me la tires justo cuando me estoy clavando el alfajor triple, en plena degustación papilar. Que esa te la hacen mucho y está maaaaal, onda: “che, no comas esas porquerías que te engordan...”, con carita de amigo inocente. ¡¿Justito en el mejor momento del dulce de leche me lo tenías que decir, sorete?!

Pero, al menos buscá un momento, que sé yo, cuando me esté cortando las uñas de los pies, ponele, re tranca me decís: “che, no sé si te diste cuenta pero estas hecha un tanque”.

Y listo, se resuelve. Una se pone a llorar un rato, se come otro alfajor triple para ahogar las penas y cuando vuelva el calor, dentro de 8 ó 10 meses, se sale a correr unas cuadras y listo. ¿O no?

El tampón, las maratones y tu viejo en sunga


Yo me considero una mujer feminista o _igualista_ o... qué sé yo, llamale como quieras. Quiero para las mujeres el lugar y las libertades que nos corresponden. Con derechos y obligaciones equitativos para los pitos y las flautas. Ni más ni menos. Pero, hay cosas que se consideran parte de una liberación que, no sé, no siempre adhiero...

El tampón es una salvación en muchos momentos. No te voy a negar que si estás en el día dos de la _mestru_ y tenés un casamiento, un tampón para el vestidito de gasa color marfil, te viene al pelo... Pero a mí no me vengan con correr un cuarto de maratón o nadar hasta la isla Gorriti en plena _mestru_, como bien nos invitan algunas marcas.

No, mamina, a mí no. A mí en plena cascada de mar rojo, dame un par de pelis y un sillón cómodo. Dame modorra, comida y poca movida. Más bien tranca. Porque eso es lo que mi cuerpo me pide y prefiero respetarlo a él, en lugar de querer controlarlo con cosas de la vida pseudo-moderna. Si vos sos de las que menstrúa un pelito de nada, bueno, salí y hacete una rueda de carro, maestra. Yo con los mares turbulentos que vivo por dos o tres días, no me pidas maratón, no te la corro en plena ovulación, menos voy a correr en el segundo día del tsunami.

No digo que no sea un gran invento el tampón, ojo, pero, al final, nos creemos más vivas por evadir los procesos naturales. ¿Y qué si tu cuerpo te pide que durante tres o cuatro días al mes, te lo tomes más tranca? ¿No estaría bueno respetarlo?

Es como la pastilla anticonceptiva. Ok, en su momento fue revolucionaria porque nos dio la opción a las mujeres de decidir. Pero ¿por qué nosotras nos tenemos que seguir papando todas esas hormonas? ¿No sería más fácil pegarle un tiro en la frente al millón de espermas con una pasti o un parche para los varones y liquidamos el asunto? Pero no, tiene que ser el proceso este re complejo que: te espesa el flujo, te sube a los ojos, te los deja de otro color, te llega a los pelos de la cabeza y te hace la permanente, después te descama un riñón, te infla los dos pulmones, te hace vegetariana y ahí si, listo, estás protegida, es re sencillo...

Ah, claro, ¿para eso no les da tanto el bocho, muchachos? Si son re inteligentes ustedes, ¿por qué todavía no inventaron una pastilla mata renacuajo?

En fin. Eso. El tema del tampón, todo bien, que lo use quien quiera, yo cada tanto le entro cartucho, pero debo decir que a mí, en mi período, déjame quietita y no me jodas mucho.

Es abogado y tiene tres terrenos


Últimamente me viene pasando que cuando me quieren presentar a alguien, lo primero que me mencionan es la profesión y los bienes materiales del tipo.

No sé si será que me ven hecha una pela gatos, ya que desde que decidí cambiar el foco de mi profesión para hacer más feliz a mi alma, hice más infeliz a mi bolsillo. O si se trata de que, ellas, se casaron con pela gatos y una vez desaparecida la dopamina del enamoramiento, apareció la cruda realidad de tener que pelearla para conseguir el billete.

La realidad es que me gustaría más si, primero, me hablaran de otras cosas. Como pensaría el Principito, me gustaría más saber cómo es su sonrisa y si se emociona hasta las lágrimas al ver el Rey León y que además, eso no le avergüenza.

Desde que tengo uso de la razón, creo fuertemente en mi poder de generar mis propios ingresos. Hay muchas cosas en las que me cuesta creer sobre mí misma y trabajo incansablemente para volver a confiar en mi poder personal. Pero, cuando del principio de crear y desplegar recursos se trata, como buena taurina, confío en mí. Me viene costando, ahora, que algunas cosas cambiaron, pero sé que no necesito de un hombre para salir adelante. Más bien prefiero encontrar un compañero para caminar juntos en la misma dirección.

Ya casi no tengo demasiadas exigencias con respecto al hombre o a la mujer que llegue a mi vida. No por conformismo, sino por curiosidad. Que sea sanito, eso es lo que más me importa. Y que nos gustemos, que nos enamoremos y que más tarde, nos amemos. ¡Pero el uno al otro! Ya que eso viene siendo lo más difícil en estas épocas. Me viene pasando que uno de los dos se enamora, pero el otro no :( Que no se viene dando la sincronía y eso es una lástima.

Y también, aunque dije que no tengo muchas exigencias, esto me resulta esencial en el encuentro con un amor: que esté en la misma sintonía que yo en relación a mi estado de conciencia y vibración. Me refiero a que no debería de resultarle raro o loco si le hablo de planetas, reinos invisibles y el mago del Tarot... si no puedo hablar de esto sin que me mire con cara de “qué miedo”, entonces no puedo ser yo misma y eso, ya de arranque, no corre.

Tampoco voy a pecar de hipócrita: conocer a alguien que cumpla con esas tres básicas y que encima viva cómodamente haciendo lo que le gusta, no está nada mal y seguramente, ayude a que nos podamos hacer la casita en el bosque más rápido de lo que me está costando a mí encararlo sola.

  

Hombritos


A veces la movida se pone poco equitativa, ¿no te parece?

Me anoté en un gimnasio, porque si esperaba que mi voluntad se dignara a salir a correr, para cuando me despertara de la siesta y me pusiera los championes, ya iba a tener como 85 años.

Y bueno, resulta que estoy en la sala de aparatos, cosita bella, cómoda y luminosa, si las hay... y escucho a una piba diciéndole al profe: “quiero trabajar un poco los hombros”.

Yo me pregunto... posta eh... me pregunto:

¡¿¿Los hombros??!
En serio.
O sea.
Si querés laburar los hombros, tu ojete debe ser un monumento, flaca!

Yo no me termino de decidir si arrancar por levantar el toor, bajar los canelones de la panza, domar un poco la celulitis, recuperar alguno de los 50 músculos que perdí en las piernas, aflojarle un mini al diámetro de los brazos o saber lo que es vivir sin papada, ¿y esta sweet baby quiere moldear los hombros? No, dale, posta, en serio: los hombros???

Hormona soreta


Estoy segura de que cuando una mujer se embaraza o acaba de tener un bebé, desarrolla algún tipo de hormona soreta que la pone insensible ante los problemas chotos de sus amigas...

Cuando mis amigas esperan un bebé o lo acaban de tener, le dan cero pelota a mis cuentos. Te lo juro. Antes me escuchaban con ganas, ¡hasta parecía que les importaba! Pero ahora les hago los cuentos de siempre y me quedan mirando tipo: “uuuuh, y dale con las mismas boludeces de siempre, ¿por qué no se pondrá a hacer cosas más importantes como amamantar a un bebé?”.

¡Pero yo no tengo bebés para amamantar, querida! ¡Prestame alguno de los veinte que vos tenés si querés que me ponga a hacer algo más útil!

O sea, ¿a quién le cuento ahora las intrascendencias de mi vida? ¿A mi gata? Le interesan menos que a vos, amiga. A ella sólo le importa escuchar mis pasos hacia la cocina porque piensa que le voy a dar de comer.

Y te miran con esa cara de póker... Te ignoran y te responden cosas que no tienen nada que ver con lo que estás contando:

Vos: y les mandé mi carpeta de laburos y nada, nunca llamaron... 
Tu amiga embarazada: qué bueno.
Te dice la muy chancha mientras se clava el tercer brownie, mira para fuera por la ventana y te bosteza en la cara.

Pero ya se te va a ir esa hormona soreta, soreta! Y vas a venir a pedir cuentos, si, vas venir.

La cartera de la dama


Yo estoy en un camino de auto conocimiento y alineamiento con el espíritu hace, qué sé yo, nueve, diez años. Y resulta que la vida me sigue sorprendiendo con preguntas tan existenciales como: la cartera de la mujer, ¿qué onda?

Es que después de las tres preguntas claves: quién soy, para qué vine y hacia dónde voy, seguro viene la de la cartera. Porque es un misterio de la existencia, no me digas que no.

Entonces, se me da el otro día que estoy en el supermercado y se me tranca el cierre de la cartera en medio de esas coladeras que se arman a eso de las 8 de la noche, cuando todos los padres van a comprar la merienda de los botijas y vos sos la única que tiene una birra y una lata de atún, un lunes a las 8pm... rara. Te sentís rara.

Se me acerca un buen hombre y me trata de ayudar. Yo llevaba no sé qué poronga en la cartera, una bolsita de tela que se me trancó con el cierre. Entonces, en medio de ese momento incómodo, le tiro una guiñadita a la cajera: “ay por Dios, las carteras... ¿cómo hacen los hombres para vivir sin cartera?”. A lo que el muchacho, muy amoroso, me dice:

“Yo tengo el teléfono acá, la billetera acá y las llaves acá”, mostrándome los bolsillos de la bermuda.

“Claro”, le digo a la flaca, “porque ellos usan esos pantalones llenos de bolsillos. Tendríamos que andar con eso aunque quedemos horribles”.

A lo que ella me responde que si usara esas bermudas, seguro andaría con los bolsillos llenos de cosas.

Al final logramos abrir la puta cartera. Pagué la birra y la lata de atún y me fui del súper pensando que si las mujeres no usáramos cartera, andaríamos con los bolsillos llenos de hilos, curitas, pinzas de cejas, estampitas de san pancracio y las mismas porquerías que llevamos siempre; o sea que nos sacaríamos de encima la cartera pero nos llevaríamos unos cuántos centrímetros de cadera extra.

Así que no, gracias, mejor dejémoslo todo como está. Aguanten las carteras.

sábado, 8 de abril de 2017

Sexo, novio y rocanrol


¿No te parece que las mujeres y los hombres tenemos los intereses cruzados?

Dicen que las mujeres somos las que decidimos si tener o no tener sexo. Sin embargo, suele ser el hombre el que decide si nos ennoviamos o no.

El tipo cuando está soltero anda a los tiros por ahí hasta que dice:

“uh, me dieron ganas de ennoviarme, entonces, ta – te – ti, suerte pa – ra – ti” .

Y la mina, si el tipo le cuelga, no se resiste demasiado.

Al mismo tiempo, mientras la mujer busca un macho para su guarida, es la que decide si se deposita el croissant en la margarita con crema o si el muchacho se tiene que guardar el bizcocho en el pantalón y volverse chiflando bajito a la panadería.

Sin embargo, yo creo que en muchos de los casos, nosotras lo que queremos es encontrar novio fácil y ellos, sexo fácil. Entonces estamos cruzados. Aunque suene la teoría más machista de la galaxia, charlas con cientos de mujeres, al final de cuentas, me han demostrado que la cosa va por ahí...

Y las mujeres también queremos sexo y los hombres también quieren novia, claro que sí, no se me ofendan. Pero, en las calles, o en la selva -porque estamos hablando de nuestra biología más primitiva-, reina más la teoría primera. ¿O me vas a decir que no es así?

viernes, 7 de abril de 2017

Solteras Reales


Hace un tiempo atrás, por motivos laborales, tuve que leer algunos artículos de un blog llamado Mamás Reales. Me resultaron muy interesantes y también útiles para un futuro nada lejano, cuando me convierta en mamá. No es que sea una asignatura obligatoria en la vida de toda mujer, hablo por mí, que sí deseo ser mamá algún día.

La cuestión es que ese día pensé que, si no sos una mamá real, porque no sos mamá, ¿qué sos? Una mujer real... si, bien, pero las mamás también son mujeres. ¿Una soltera real? Si, ok, lo sé: también se puede ser madre soltera o madre juntada pero soltera... Cédanme la licencia de usar ese concepto sin ponernos demasiado exigentes con el significado, ¡caramba! Es para explicar de dónde viene el nombre del blog, ¿no ven?

Y así fue que, ese día, se me ocurrió que algunos de esos textos que tengo escritos sobre nosotras, las mujeres (o sobre mí como mujer, ya que algunas no van a identificarse con mis sentires y eso está muy bien), los podría publicar en un blog al que decidiría llamar “Solteras Reales”.

Muy lejos de burlarme de Mamás Reales, que dicho sea de paso es un blog precioso, o de reivindicar la soltería; este blog tiene la intención de contar las experiencias y los sentires de una etapa. A veces con alegría y recibiendo todo lo bueno que hay en ella. Otras veces, con incomodidad y frustración, pero intentando transformar esos sentimientos en algo valioso a través de la alquimia de la escritura.

¡Bienvelindas!

Hay que, las pelotas

Tengo unos cuantos textos pendientes que escribir para solteras reales, pero siempre se me interpone algún escenario que amerita su relato....