domingo, 9 de abril de 2017

Es abogado y tiene tres terrenos


Últimamente me viene pasando que cuando me quieren presentar a alguien, lo primero que me mencionan es la profesión y los bienes materiales del tipo.

No sé si será que me ven hecha una pela gatos, ya que desde que decidí cambiar el foco de mi profesión para hacer más feliz a mi alma, hice más infeliz a mi bolsillo. O si se trata de que, ellas, se casaron con pela gatos y una vez desaparecida la dopamina del enamoramiento, apareció la cruda realidad de tener que pelearla para conseguir el billete.

La realidad es que me gustaría más si, primero, me hablaran de otras cosas. Como pensaría el Principito, me gustaría más saber cómo es su sonrisa y si se emociona hasta las lágrimas al ver el Rey León y que además, eso no le avergüenza.

Desde que tengo uso de la razón, creo fuertemente en mi poder de generar mis propios ingresos. Hay muchas cosas en las que me cuesta creer sobre mí misma y trabajo incansablemente para volver a confiar en mi poder personal. Pero, cuando del principio de crear y desplegar recursos se trata, como buena taurina, confío en mí. Me viene costando, ahora, que algunas cosas cambiaron, pero sé que no necesito de un hombre para salir adelante. Más bien prefiero encontrar un compañero para caminar juntos en la misma dirección.

Ya casi no tengo demasiadas exigencias con respecto al hombre o a la mujer que llegue a mi vida. No por conformismo, sino por curiosidad. Que sea sanito, eso es lo que más me importa. Y que nos gustemos, que nos enamoremos y que más tarde, nos amemos. ¡Pero el uno al otro! Ya que eso viene siendo lo más difícil en estas épocas. Me viene pasando que uno de los dos se enamora, pero el otro no :( Que no se viene dando la sincronía y eso es una lástima.

Y también, aunque dije que no tengo muchas exigencias, esto me resulta esencial en el encuentro con un amor: que esté en la misma sintonía que yo en relación a mi estado de conciencia y vibración. Me refiero a que no debería de resultarle raro o loco si le hablo de planetas, reinos invisibles y el mago del Tarot... si no puedo hablar de esto sin que me mire con cara de “qué miedo”, entonces no puedo ser yo misma y eso, ya de arranque, no corre.

Tampoco voy a pecar de hipócrita: conocer a alguien que cumpla con esas tres básicas y que encima viva cómodamente haciendo lo que le gusta, no está nada mal y seguramente, ayude a que nos podamos hacer la casita en el bosque más rápido de lo que me está costando a mí encararlo sola.

  

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