miércoles, 2 de enero de 2019

Hay que, las pelotas

Tengo unos cuantos textos pendientes que escribir para solteras reales, pero siempre se me interpone algún escenario que amerita su relato. He aquí algo que vengo pensan-sintiendo últimamente… 

Hace algunos años, en estas épocas de fiestas se viene usando de forma más masiva y sobre todo entre mujeres, esto de escribir los deseos o metas para el año nuevo. Intencionar, hacer tu lista de sueños, tu “visión board” -una especie de collage con imágenes que reflejan lo que deseas- y todas las larailas. 

No estoy para nada en contra de intencionar, visionar o planificar metas. Soy la reina del orden, los post it con listitas y los rituales. Creo que la intención lo es todo -o casi todo- y que escribir, es un arte sanador. El tema es que, muchas veces, siento que todo lo que es tocado por el colectivo, pierde su esencia. Se comienza a comulgar más con la forma que con el contenido de la cosa en cuestión y eso, es una caca. 

Esto no quiere decir que me disguste que la información de la existencia esté disponible para todos -de hecho lo está, siempre lo estuvo-, pero, ya lo decía el maestruli Jesús: “no eches perlas a los cerdos, baby”. Sonaba elitista el tipo, pero simplemente significa “no gastes pólvora en chimangos”. Lo sagrado para quién sepa valorarlo.

Entonces, ¿qué me pasa con el visión board y todo el papo? Que me embola que algo tan intuitivo como decidir qué rituales hacer cuando se termina el año o en cualquier otro momento, se transforme en un "hay que" estructurado y dictaminado. Y yo no me banco los “hay que”. No hay que un carajo. No hay un “hay” para todo el mundo. Hay un “hay” personal para vos misma y nadie más. Está muy bien abrir los conocimientos personales a otros o aprender de quienes saben más, pero a la vez, luego de probar diferentes recetas, cada quién tiene que crear la suya propia. 

Yo, ayer, sabía que tenía que planificar algo. Porque el cielo estaba en esa danza y suelo querer bailar con él, porque sé que las estrellas y yo, somos lo mismo. Y que la ley universal de “como arriba es abajo”, así es. 

Sin embargo, no sentía deseos de escribir una lista con mis metas. Al final, te ponés cada vez más cargas y después termina el año y llorás porque apenas lograste media meta y con ayuda de tu loro… Ya bastante tenemos con mantenernos vivos y con tres dientes, ¿no? Está de moda hablar de seguir los sueños y con tanto estímulo externo, ¿cuántas personas saben lo que carajo sueñan? No saben ni quiénes son, ¿van a saber qué sueñan desde su Verdad? Lo que “hay que” laburar antes que los sueños, son las heridas que nos hacen desear tanto para compensar el desamor. 

El punto es que, en mi día de ayer, que estuve con mucho mal humor y por ende, triste; no quería hacer una brisca lista de nada. Entonces, olvidándome del tema, me puse a encarar uno de mis hobbies favoritos: mirar mis estrellas y ver cómo resuelvo todos mis quilombos internos. En un momento tuve varias revelaciones. Como suelo hacer, las escribí para no olvidarlas y luego puse: “resoluciones…” es decir, un plan sobre cómo resolver esos temas psico-emocionales que detecté. 

Así fue que sentí que, esa, era mi lista de deseos, mi visión board. No tiene imágenes de viajes, ni de una pareja ideal, ni de autos, ni de una oficina súper linda con muchas manzanitas Apple en la vuelta. Esas podrían ser las consecuencias de mi trabajo interior, esos podrían ser los reflejos externos de mis revelaciones, claro que sí. 

Últimamente ando viendo cómo hay preguntas por todos lados en busca de respuestas externas. ¿Cómo me alimento? ¿Lo que le pido al universo se escribe así? ¿Cómo rezo? ¿De qué forma se medita? Estamos todo el tiempo buscando las respuestas de mamá y papá. Les cuento que, justamente, la inmensidad nos va hacer trabajar todo el año sobre cómo ser nuestras propias respuestas, nuestros propios padres/madres. La autoridad paterno/materna se busca todo el tiempo, en una pareja, en unx líder, en una multa por manejar en pedo… ¡Alguien que venga a decirme cómo hacerlo! Pues vamos a tener que aprender a descubrirlo nosotras mismas.

Yo te aseguro que si dejás dos minutos el teléfono, cerrás los ojos un ratito, hacés algunas respiraciones para acallar la mente -solo la respiración silencia la mente- y preguntás lo que quieras saber, te va a llegar una respuesta. No va a bajar un señor precioso con una bata rosada a responderte en español neutro. Puede ser una imagen, un “pensamiento” -que en verdad no lo es-, una idea, puede que te llegue más tarde, que sueñes con algo que lo represente, alguien que te llame por teléfono y te diga algo que pueda ser una pista, solo es necesario estar atenta. 

Esa información está en vos. El medico no puede darte todas las respuestas sobre tu bebé cuando vos lo tuviste nueve meses en la panza, un gurú no puede decirte lo que hacer cuando vos vivís dentro tuyo desde que naciste y una pareja no puede completarte. Nadie puede decirte lo que "hay que" hacer, porque nada funciona para todos por igual.

Un visión board está genial, pero seguro conectar con tus visiones más internas y profundas, te pueda llevar a descubrir qué deseas en verdad. O tal vez, a darte cuenta que no… que no deseabas tantas cosas en realidad. Digo que conectes con tus propios rituales, los que te surjan desde dentro y no tanto los que se ven en las redes.

Es hora de que despiertes a tu maga interior, mamina, ella está hace rato esperando que la recuerdes. 

Feliz año. 
Me cago en el visión board.

martes, 18 de diciembre de 2018

Amado Espíritu

Estaba en casa de mi madre y me puse a hojear una revista que le había llegado de alguna cuestión religiosa. Más allá de todo prejuicio, tienen cosas interesantes, hojaldre. Personalmente, elijo comulgar con el sentido original de la religión: religar con algo más grande; y no tanto con la visión convencional que, muchas veces, distorsiona el enorme valor de sus enseñanzas. 

En la revista había un segmento de consultas. Una chica preguntaba si, por  estar creciendo espiritualmente, le sería más difícil encontrar pareja. La idea en sí estaba planteada de una forma  medio rara… pero entendí el punto. La entendí a ella. 

En verdad, cuando vas modificando tu conciencia a través del trabajo personal, también va cambiando todo a tu alrededor y eso, por más que sea positivo, también puede generar algunos conflictos internos. En mi caso, eso lo padecí varios años atrás, cuando se me cayeron los primeros velos de la percepción. Después me fui acostumbrando... También eligiendo y purgando. 

Sé que todo eso suena a complejo de superioridad, pero nada que ver, no va por ahí. No estoy hablando de hacerte la superada, sino de modificarte, tu conciencia crece y tu percepción de la vida se transforma por completo. Entonces, le pese a quién le pese, tu vibración cambia. Podrás tener días o épocas de vibración más alta o más baja. Pero, una vez que tu percepción cambió, creo yo, eso no vuelve atrás. 

Entonces creo que sí, que se dificulta un poco más el encuentro con una pareja. El filtro se hace aún más complejo, aunque quisieras evitarlo. Hay algo en vos que ya no puede mentirse al respecto. Esto, siempre y cuando el camino sea genuino, claro. Si de verdad estás puliendo tu diamante interno, hay cosas que ya no sos capaz de tolerar ni de sostener. ¡Vamos, joder, tío! Que no me estoy refiriendo a cuestiones más mundanas, ni la búsqueda del perfeccionismo. Si se tira cuetes, si tiene olor a pata, si hay discusiones, si es necio, egoísta, bajonero… no es el punto. Estamos hablando de su madurez espiritual. 

Hay lenguajes que empiezan a moverse en diferentes planos. Y una podrá mantener vínculos de trabajo, algunos de amistad, con la familia y el entorno, en los que ya no hay tanto entendimiento, pero creo que con la pareja, es diferente. No se trata de estar esperando un gurú ni mucho menos. Un ser humano con todos sus errores y sus defectos, sus heridas y sus alegrías, con todo eso. Sin embargo, si vos te estás laburando, y… sí, es probable que haya menos opciones por la vuelta. 

Y claro que si llega alguien con “menos” crecimiento espiritual que vos, el mensaje es clarísimo: aún hay algo o mucho que aprender de ello. Por ejemplo, que creas que estás más elevada de lo que en verdad estás, o que tu rol sea acompañar a otros a crecer en ese sentido, aún sin darte cuenta.

Si en cambio vas purificando los cuerpos, es probable que estés preparada para que llegue alguien con una vibración similar a la tuya. Tendrá otros colores, ¡seguro! Y qué lindo que así sea. Habrá llegado hasta ahí a través de otros caminos. Eso también está bueno. Sea como sea, va a valer la espera. En eso estamos…

Todos son ÉL

Hace un tiempo le conté esto a una amiga y me dijo que le pasaba lo mismo. Así que la tiro acá, a ver si somos las dos únicas psiquiátricas o si hay otras walt disney que se quieran sumar a la causa.

Cuando en un momento activás la llamita del amor de pareja, es decir, que te pican las ganas de ennoviarte, de repente creés que todos pueden llegar a ser ese potencial novio. 

Le pedís 150 de mortadela al fiambrero y le echas el ojo, quién te dice, capáz que es él... Marcás una reunión de laburo con un tal Néstorrr y te hacés la cabeza con que, al conocerse, se re enamoran y la vida se prende fuego de todo tan divino, todo re feliz. Te llama por teléfono un tipo para venderte un seguro, se te caen las dos gomas de pereza, te interesa menos que poquito, pero pensás: "nunca se sabe dónde lo podés conocer… ¿y si está potable?". A lo que coordinás una reunión y termina siendo un cigarro. 

Qué embole. 

Salís con uno y ta, listo, ¡es él boluda! Y alguna de tus amigas tan brujis como vos, te dice: "si, si… si, ¿eh? lo presiento, ahora sí, con este sí, es él…", ¡es que obvio que es él! pero... no, no fue. Y si llegaste a ir a una tarotista, registro akashiquista o maestra en energía pránica que te tiró alguna data, OLLL VIDATE, le das la vuelta para que todos sean ÉL. “Pará, me había dicho que tenía la letra P en el nombre, este se llama George Charlucasco, pero vive en Pocitos, capaz que es eso, sí, seguro es él”. 

"¡En este viaje lo conozco! sí, lo intuyo. Aparte yo cruzo el mar y se me activa el corazón, la cachucha, todo, en este viaje lo conozco…". Y si no lo conociste, bueno, en el próximo será, porque siempre supe que iba a ser un extranjero, un hombre de mundo… En fin, el que te arregla la compu, el que te la rompe, aquel Uber que te pareció un papi, ¿no me escribirá?... tiene mis datos.

Yo que sé, estuviste no sé cuántos años peleada con el tema de la pareja y ahora que te pica el bichito lo querés en bandeja, en dos minutos ¿y encima que esté fuerte como un nopi? Los tiempos del Universo son más lentos que los de nuestro ego terrenal, ¿sabés, gordi? Así que mejor dejate de unicornios violáceos y andá a laburar. Que si no la cortás un poco ahora, el día que llegue ÉL, te va a estar llamando y le va a dar ocupado.

Vida unipersonal

Esta es mi vida unipersonal. 

Tengo una empresa unipersonal, una casa unipersonal y un estado civil unipersonal. No cobro aguinaldo, ni tengo fiesta de fin de año con la empresa. Bueno, sí, hago tremenda partu acá en mi apartamento con mi gata Matilde, le entramos a las naranjas y al té de cedrón, re locas. 

No tengo que comprarle regalo de navidad a un novio, ni tampoco lo recibo. Uia, eso sí que me gustaría, me divierto pensando regalos ingeniosos, y recibiéndolos, ni que hablar. ¿No quieren hacerme un regalo diciendo que son mis novios? 

Cuando lo pienso, lo vivo y lo siento, esto de la #VidaUnipersonal (listo, acabo de clavar trending topic), no me pone ni bien ni mal. Es lo que es, y sobre todo, es el resultado de mis elecciones y mis decisiones. Todas mis unipersonales, cada una de ellas. Podría decir que me dan libertad, pero no es real, porque cada vez más descubro que la libertad es interior, no depende de algo ajeno a una misma. La libertad tiene sentido interno y es un estado del alma. 

A veces puede que sienta un poco de nostalgia en la unipersonalidad, sobre todo en estas fechas, por eso lo traigo ahora, que termina el año y se hace más palpable. Porque extrañás un poco al amigo invisible de la empresa, dejar pistas chotas, tratar de cambiar el papelito porque te tocó un ronga, la artillería de cintas adhesivas de colores y papeles inventados para el envoltorio del regalo del supuesto novio. 

Sin embargo, también te das cuenta que todo es tan relativo, que solo bajás tres pisos por escalera, a la hora que querés, abrís la puerta del edificio y te vinculás. Que tenés a tus amigos, a tus hermanos, a tus vecinos que ya son amigos -vets, los amo, son mis compas de trabajo- y a tu amada mamá para darle muchos besos y tres regalos. Y que en realidad, lo UNI es absolutamente cierto, porque siempre, pero siempre, a solas o con mil personas más, estamos eternamente unidos a la Totalidad. 

Felices fiestas, viejos chotos.

lunes, 15 de octubre de 2018

Lo nuestro no funcionó

Estos días he estado pensando en la pérdida y en la libertad, dos ideas que parecen lejanas, pero no lo son. 

Y no es casual, porque Venus está en Escorpio en su fase retrógrada -entre otras alineaciones- y eso tiene todo que ver con el reencuentro, la pérdida, las relaciones, los deseos más ocultos y enterrados. 

Cuando hablamos de deseos ocultos, uno puede atinar a pensar en deseos excéntricos o poco convencionales, pero no solemos pensar en el deseo de muerte. Porque no nos gusta mucho pensar en esos temas. 

Sin embargo, ese es uno de los deseos básicos del alma. Estar acá y también, no estar. Vivir la vida y también, regresar a la fuente. 

¿Cuántas veces nos hacemos cargo de eso? ¿Cuántas veces somos capaces de encarar el tema de la muerte? 

Entonces, conecté esto con un pensamiento que a veces he tenido, sobre las relaciones que, en apariencia, no funcionan.

Muchas veces escucho decir -y me he escuchado a mí decirlo en otros tiempos-, que tal relación no funcionó. Sin embargo, lo que yo siento sobre eso, es que las relaciones sí funcionan, mientras duran. 

Luego, será cuestión de aprender lo que se debía aprender y más tarde, también, todas las razones que la mente racional encuentre: se terminó el amor, se fue del país, era muy chico, era muy alto… lo que sea. 

El punto es que tal vez pueda existir otra perspectiva, que tiene que ver con aceptar la pérdida, pero también asumiendo que todo tiene un trasfondo de enseñanza evolutiva. 

Simplemente hacemos, estamos, actuamos, amamos, nos entregamos -o no-, y sí que funciona mientras “eso” existe. Esa relación, ese algo o alguien. 

Hablo de la muerte porque creo que esto de que algo no funcione, es parte de no aceptar que puede funcionar y a la vez, terminar. Por eso tiene que ver con los finales y su aceptación. Con la vida, la muerte y la transformación. Con la pérdida y el dolor que esta nos provoca.

Qué tristeza nos causa la pérdida, ¿no? El abandono, el final de los ciclos. Y cuántas cosas estamos dispuestos a hacer con tal de evitar esos finales o evitar el dolor que sentimos si no los pudimos soslayar. 

Conectar con el pasado, la pérdida y el dolor, creo que es una de las invitaciones de una energía que está disponible para todos en este momento; para sacar del inframundo de nuestra psique esos deseos y esos sentimientos que parecían enterrados, pero no, no lo están. 

Encararlos, mirarlos, aceptarlos, llorarlos y después, dejarlos ir. 

Si algo del pasado volvió a tu vida, creeme, vino a eso. A que lo mires, pero siendo quien sos hoy, con otra conciencia y otra madurez. Esta vez no lo vuelvas a enterrar como si nada pasara. Los huesos tarde o temprano resurgen de abajo de la tierra. Mejor hacernos cargo de lo que solemos negar. Ya lo decía Carl Jung: “lo que niegas te somete, lo que aceptas, te transforma”.

La pérdida y la libertad, parece que no, pero tienen todo que ver. 

lunes, 24 de septiembre de 2018

Jugar, mi segundo video

Hace un mes subí mi primer video en el blog: Filtro

Cuando lo publiqué, recibí algunos consejos sobre cómo mejorarlo. 

Obviamente esto tiene un lado muy positivo. Lo primero es saber aceptar esos consejos con amor, asumiendo la buena intención que hay en ellos. Lo segundo, es el deseo por parte de los demás de aportarle a lo que hacés. 

Lo tercero, y por lejos lo más importante, es el trabajo interno que una tiene que hacer para no verse herida y menos que menos, abatida tan fácilmente, con las opiniones ajenas sobre las creaciones propias. Me refiero a no caer en un posible: listo, es la primera y ultima vez que subo un puto vídeo! 

Hay una frase de Woody Allen que dice: “no sé cuál es la clave del éxito, pero sé que la clave del fracaso es tratar de complacer a todo el mundo”. 

Muy lindo todo, pero no es lo mismo saberlo, que ejercerlo. Es muy fácil hacernos los superados, afirmando que no nos importa lo que opinen de nosotros o de nuestras creaciones, pero convengamos que no es tan así. 

Todos los seres humanos queremos gustar y ser amados. Básicamente porque lo aprendemos al nacer: somos unos seres completamente indefensos, que necesitamos de otros para sobrevivir. Nuestro cerebro más básico sabe que debe ser “visto” para mantenerse a salvo. Si me ven, me están cuidando, si me ven, no corro el riesgo de acercarme a una ventana, caer y morir. Si me ven, se dan cuenta que tengo hambre y me alimentan, si me miran, me quieren, si me quieren, vivo. 

Uf... Tan simple y tan profundo a la vez, ¿no? Un like, es supervivencia. Aunque parezcan dos cosas tan separadas, para una parte muy básica de nuestro ser, es así. Y las huellas de nuestra infancia, en función de la mayor o menor atención que hayamos recibido, potencian o suavizan ese sentir. Sumado a las energías que hayamos traído de nacimiento, más allá del contexto en el que crecimos. Hablo de lo que traemos en el alma, de otras existencias, para quienes creemos en esto. O más bien, para quienes tenemos la certeza de que así es. 

Lo loco, es la fuerza que el amor o el rechazo del colectivo pueden ejercer sobre nosotros. Ya sea el entorno más íntimo o el más lejano. Cómo escondemos lo mejor y lo peor de nosotros con tal de ser amados y pertenecer al grupo. Solemos apagar nuestra llama, nuestras luces, y también nuestras sombras, para no ser expulsados. Y eso conlleva mucho dolor, frustración, y a la larga, incluso depresión.

Sin embargo, esto no es algo fijo ni determinante. Todo lo contrario. Por suerte tenemos otras herramientas que nos ayudan a superar esto del instinto más primitivo. Se llama trabajo de conciencia. Eso deriva en amor propio y discernimiento, la comprensión de que ya no somos esos niños indefensos y que nos tenemos a nosotros mismos. Pero no es un trabajo sencillo ni acabado, es constante y se debe reciclar todo el tiempo. 

En este sentido, me ha pasado con este blog y con otros proyectos vinculados a mis creaciones, que he decidido, a conciencia, vivirlos con soltura. Sin presiones. Sin preocupación -algo muy usual en mí: la preocupación-. Sin marcarme tiempos entre publicación y publicación, sin la expectativa del comentario positivo, sin el deber de seguir una línea o un formato. Solo aquello que me divierta y me haga bien. 

Y no es cosa sencilla, ¿eh? Por esto que te decía, de la necesidad de gustar y de cumplir, y porque yo, por naturaleza, soy muy auto exigente. Pero lo he venido logrando, primero con práctica, hasta convertirlo en hábito. Y esta es, para mí, la victoria más importante: ser más grande que mis propios miedos. Superarlos. Superar a mi yo más efímero y después, si además llega un like, entonces solo queda mi más sincero agradecimiento. 

Esta reflexión va más allá del video y de los consejos, los cuales poooosta agradezco mucho, en serio. Lo que me importa es dejarles una invitación a reconectar con nuestra niña o niño interno, desde un lugar muy sincero. No puedo explicar acá en detalle quién es en verdad ese ser, ese niño o niña, porque es más profundo de lo que solemos pensar.

Sin embargo, les puedo decir que cuando éramos niños y estábamos en plena conexión con nuestro corazón y con la Totalidad, no sufríamos por terminar un juego, ni sentimos que debíamos armar la casita de los muñecos a la perfección. Aunque hayamos sido niños prolijos (yo lo fui). Me refiero a que si salíamos a andar en bici y al poco rato nos divertía más subir a un árbol, eso no estaba mal. No teníamos que cumplir con nada ni con nadie, cuando de jugar se trataba. 

Cuando estamos creando, estamos siendo ese ser. 

Ahora que somos adultos, hay un hombre o una mujer que comanda a ese niño o niña y se hace cargo. Lo que es muy sano si lo hacemos con madurez. Así que, nuestras creaciones toman otra forma, otro compromiso, eso es verdad. 

Sin embargo, creo que todos deberíamos tener espacios de no-presión. De creación - niña, sin tiempo, espacio, ni timmings de entrega, o tarifas, pagos, cobros, ni obligación de hacer o no hacer, de ser o no ser perfectos y eficientes. Solo ser. Puede ser un blog, pero también un deporte, un baile en nuestro living a solas, una meditación. En donde nuestro súper yo o el de los demás, no nos diga cómo hacerlo, cómo mejorar, cómo tener más likes o más seguidores. Si total, ya no corremos riesgo de muerte por gustar más o menos a los demás. Solo queda desear ser acompañados por otros en el camino. 

Este texto no es una auto reflexión vanidosa sobre mis dramas personales. Es una invitación a jugar con lo que tenemos, a hacer sin esperar, al menos una vez por día o por semana. Tener espacios de error, repletos de la dulzura que tiene mostrarse errante y espontáneo. Un niño en el cuerpo de un adulto que también tiene miedo de no ser amado y lo muestra, porque ya aprendió que en verdad, nunca estamos solos. 

Les dejo un segundo video que expresa este sentir, este recibir los consejos, pero sin tomarlos de forma seria y personal. Reírse, animarse a mostrarse sin máscaras defensivas y ver qué pasa... ¿qué puede pasar? 

Nada malo puedo pasar. 

¡Gracias!

Video aquíiiiii: Mi Segundo Videöo_Ö


jueves, 25 de enero de 2018

Haber amado tanto

Hace algunos días, hurgando en un blog que tuve varios años atrás, encontré una frase que escribí en ese entonces, inspirada en un novio de quien me había separado hace ya un tiempo. Decía:

“Lo bueno de seguir amándote, es haber amado tanto”.

Claro que, en ese momento, cuando lo escribí, sentía el dolor de seguir amándolo sin ser correspondida, pero con la gratitud de haber amado tanto.

Entonces, pensaba que otras veces, lejos de agradecer, una se siente frustrada porque: si otrora era tan enamoradiza y tan comprometida con el amor romántico, ¿¿qué carambolas me pasa ahora?? ¿Me habrá alcanzado algún tipo de hechizo que no logro ni siquiera gustar de alguien?

Sin embargo, ese día, hace pocos días, repasando ese blog y leyendo mis sentires en esa etapa de la vida, volví a pensar eso mismo que pensé y sentí aquella vez. 

Y es que, sin importar lo que la vida me regale de ahora en adelante y más allá de lo que yo elija con mis acciones y mis pensares, no puedo hacer otra cosa que agradecer por haber amado tanto. A todos mis amores, a todos ellos, de forma genuina y profunda, sin importar qué tuvieran para darme a cambio.

Creo que no todo el mundo tiene esa fortuna, la de poder amar y ser amado. Al menos una vez o  algunas veces en una misma vida. La suerte de poder entregarse al amor, sin miedo a las consecuencias. Porque de eso se trata el amor y de eso se trata la vida. 

Por eso, pase lo que pase y sea lo que sea, agradezco profundamente por cada segundo que amé y cada segundo que fui amada. 

domingo, 31 de diciembre de 2017

Al primer hombre que conocí

Hoy, exactamente hoy, hacen tres años desde que mi papá se fue a vivir al cielo. 

Quiero dedicarle unas palabras porque estas fechas me hacen recordarlo y extrañarlo aún más de lo habitual, pero también porque hoy es el último día del año, y aunque antes pensara que eso no me modificaba en nada, hace un buen tiempo, sobre todo desde que estudio, admiro y hablo el lenguaje sagrado de la astrología, entendí que sí nos cambia. 

Cambia algo en nuestro interior. 

Estamos hechos de la misma sustancia que el cosmos y este, sigue una perfecta y armoniosa lógica de ciclos. Ciclos que comienzan y terminan, que abren y cierran. Ciclos infinitos de principios y finales, siempre ascendentes. 

Hoy se cierra un ciclo entre la Tierra y el Sol. Y como nosotros somos células de la Tierra, claro que el final de un año nos modifica, nos interpela. El sol simboliza al padre y mi padre falleció un 31 de diciembre. Si… Hoy definitivamente es un día de cierres y nuevos comienzos para mí. 

Y si de amores hablamos, creo que el tema de la pareja y el padre, para una mujer, tienen todo que ver. El padre –o la función paterna, sea quien sea que la ejerza- tiene una enorme influencia sobre nuestras elecciones, casi siempre inconscientes, del hombre o la pareja que elijamos. El padre es el arquetipo de lo masculino para una mujer y a partir de él, se forman muchas imágenes en nuestra psique que, a lo largo de la vida, nos afectan muchísimo. 

Mi papá fue un hombre que amó a su mujer, mi mamá, de una forma que pocas veces conocí. 

Él tenía una fábrica de ropa y mi mamá, doce años menor que él, era una de las costureras. Ella, era hermosa como pocas, lo sigue siendo. Mi papá se enamoró de mi mamá perdidamente desde el primer instante. Mi mamá no le daba ni cinco de bola. Los dos me solían contar –porque a mí me encantaba preguntarles- que él la perseguía por todos lados y hacía todo lo que pudiera para conquistarla. Ella seguía dándole más o menos... ni cinco de bola. Él persistió y persistió como buen taurino. 

Poco a poco la fue conquistando. Mi viejo era un tipo muy carismático, encantador. No era muy lindo; bueno, eso decían los demás, yo siempre lo vi precioso. Con sus ojos color de océano y su simpatía desmedida. Mi papá transformaba lugares y casi siempre lograba lo que quería. 

Como mi papá era judío y mi mamá cristiana, se sumaban algunos obstáculos… Mi abuela, la mamá de mi papá, no quería que se juntaran, ¡mucho menos que se casaran! “Mi nene se quiere casar con una goy, ¡qué tragedia!”. Cuando finalmente mi mamá le empezó a dar un poco de bola, mi abuela puso el grito en el cielo e hizo todo lo que estuvo a su alcance para impedirlo, “Aroncito, quiriiido, mira que shooo me mato si te casás con eshaaa” (ponele acento idish). 

Seguramente mi viejo se haya sentido entre la espada y la pared, como la carta de Los Enamorados. Pero ¿saben qué? Mi papá se puso los dos huevos bien puestos y se casó igual con mi mamá. Se fueron solos a Buenos Aires para poder concretar la unión (en ese entonces acá no se podía por cuestiones religiosas) y chupate esa mandarina, se casaron nomás. Y formaron una familia enorme, tuvieron ocho hijos y fueron felices, comiendo más que perdices, todas las cosas ricas que cocinó siempre mi mamá. Incluidas las recetas judías que mi abuela le enseñó. Porque con el tiempo se aprendieron a querer. Es que es imposible no querer a mi madre. Mi papá sabía eso más que nadie, que la amó durante 54 años sin parar.

Hasta el último día de vida, mi papá seguía enamorado de ella. Hablaba de mi madre como si siguiera teniendo 16 años, viendo su belleza intacta, mirándola con los mismos ojos enamorados y jurándole amor hasta después de la vida. Supongo que así es. Seguro sigue amándola como el primer día, pero desde otra dimensión. 

Yo, que soy la menor de sus ocho hijos y que crecí y viví de cerca ese amor inmortal, seguramente esté esperando lo mismo. Pero que conste que yo soy del mismo signo que mi padre y tengo una personalidad y una esencia bastante similar a la suya -si bien hace un tiempo y con trabajo arduo he decidido soltar ciertas lealtades inconscientes para tomar solo aquello que tenga que ver conmigo y con quien Yo Soy-. Por eso, igual que mi viejo, nunca he sido de esperar a ser conquistada. He sido más de ir tras la conquista. Aunque ahora hice “pido” y me tomé unas vacaciones de guerrera conquistadora. Tal vez sea que estoy cambiando y esté esperando que me conquisten. Ya veremos que depara este nuevo comienzo… ;) 

Hoy, el día en el que termina un ciclo, quiero recordar a mi papá como ese hombre valiente, que fue contra todo para hacer lo que en verdad quería: amar a su mujer más allá de todo y de todos, por siempre. 

Gracias papá. 


viernes, 24 de noviembre de 2017

Es tan solo una banana

Este sábado 25 de noviembre es el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia hacia la Mujer -cada vez más largo el nombre-.

Algunos colectivos feministas manejan la idea de que la violencia, comienza con la desigualdad. Y yo no puedo estar más de acuerdo. La violencia física, el abuso y la muerte, son la máxima expresión de la violencia hacia las mujeres. Pero antes de llegar a esos extremos, pasan muchas otras cosas que suelen estar naturalizadas.

La mayoría piensa: “siempre fue así”, “eso es normal”, “no exageren”. Sin embargo, pensar o hacernos creer que exageramos, es otra forma de control y manipulación por parte del sistema patriarcal en el que vivimos hace… ya demasiado tiempo.

Estas conductas, que son aprendidas y que se transmiten de generación en generación, son tan pequeñas y cotidianas como recibir “piropos” en la calle constantemente -y cuando digo constante es al menos uno por cuadra-. Tener que pensar qué nos ponemos y qué no, en función de lo que hagamos; si voy a andar en bondi, mmm, no, mejor me pongo una pollera más larga… Si llega a llover y ando con una remera blanca, mmm, se me pueden transparentar los pezones… Que nos exijan estándares de belleza muy altos, casi irreales; pero si el tipo es un gordo panzón, te anda luciendo la buzarda en la playa de lo más tranca. Tener el mismo laburo que un hombre y ganar, probablemente, bastante menos. Etc., etc., etc. 

Es importante igual, saber o recordar, que los cambios de conducta no cambian la conciencia. Es el cambio de conciencia lo que modifica la conducta.

Esto quiere decir que dejar de decirle a una mujer cosas en la calle, desde una postura moral, puede hacer que esa actitud simplemente se reprima y entonces, la pulsión interna se agrande. En cambio, si comenzamos por hacernos conscientes y, por ejemplo, nos preguntamos: ¿por qué molesto a las mujeres en la calle? ¿Qué me hace pensar que tengo ese derecho? ¿Cómo me hace sentir? ¿Más poderoso? ¿Más hombre? ¿Qué creencias tengo sobre la hombría y la masculinidad? ¿Y sobre la feminidad? Entonces ahí lo llevo a la conciencia y mis comportamientos cambian por añadidura. 

Para mí, detrás de la desigualdad, hay algo más profundo. Porque entonces, si la violencia nace con la desigualdad: ¿por qué hay desigualdad? 

Creo que la fuerza física nos puso en un lugar de sometimiento y eso, poco a poco, fue generando una desvalorización total del lugar de la mujer. Eso. Yo creo que el problema es la falta de valor real que tenemos las mujeres en la sociedad. Si valoro algo, no lo descuido, ni lo desprecio. Si tengo un anillo de oro y no sé lo que vale el oro, es insignificante. Sin embargo, si reconozco el valor que tiene este metal, lo cuido, lo VAL-ORO.

Si las mujeres fuéramos valoradas por lo que somos -y estoy hablando desde la creencia porque nos movemos por “creencias” y “escala de valores”-; si fuéramos percibidas por el valor que en verdad tenemos (el mismo valor que tiene el hombre), no habría golpes, violaciones, abusos de poder, mal tratos, ni desigualdad. Habría diferencia, pero la que nos une, no la que nos separa. 

Ya que Solteras Reales es un blog que absorbe la realidad (al menos la que yo percibo como tal) y luego intenta transformarla a través del humor y la catarsis, no voy a abordar el tema de la desigualdad desde lo trágico. En cambio, voy a tomar un símbolo muy sencillo; un acto que muchas mujeres evitamos por miedo a pasar un momento incómodo:

COMER UNA BANANA EN LA CALLE. 

¿Será que habrá un acto más natural e inocente que comer una banana? Pues si sos mujer y salís a la calle comiendo una, seguramente recibas halagos como: “cómo te gusta la banana”, “mejor comete esta banana”, entre otras linduras. O que te miren con ojos libidinosos o te toquen bocina, que es lo mismo, ya que todo comunica. 

Parece algo banal (o bananal ;) pero, no es así. Es una forma de mostrar cómo este tipo de situaciones tan pequeñas, nos pasan todos los días a las mujeres desde que somos niñas. Evitar chupar el helado o comer una banana en público, taparnos la cola, estar siempre depiladas y no ser demasiado libres, no sea cosa que nos dejen de querer… 

Por eso, te propongo que este sábado 25 de noviembre salgas a la calle comiendo una banana. Sí, te lo juro, algo tan sencillo como eso. Como forma de transformar desde lo más pequeño. Si querés, además, te sacás una foto y la subís a la red social que uses, pero eso no es lo más importante. 

Tal vez parezca una estupidez, pero creeme, en un universo cargado de símbolos, no lo es. 

Esta no es una forma de provocar ni violentar a los varones. La idea es dejar de estar confrontados para estar más unidos, las mujeres y los hombres. Para eso estamos hechos, para complementarnos. 

Que así sea.


martes, 7 de noviembre de 2017

Es lo que hay

Ponele que saliste con alguien, no gustaste y la dejaste por ahí, ¿qué es lo primero que te dicen tus amigas, tus hermanas o tu vieja? “A vos no te viene bien nada”. Bah, en verdad lo que te dicen es: “a vos no hay poronga que te sirva”. Mi mamá nunca diría eso porque es bien hablada, pero las demás, manga de malandras, seguro que sí. 

Porque resulta que salís con uno cada 8 o 9 meses (con viento a favor, ojo, en ese caso estás levantando que es un disparate) y parece que te tenés que enamorar hasta las tetas… Pero no, señores. Eso no es así. No es tan fácil engancharse y menos del único tipo con el que salís en un año. Y eso no te convierte ni en una histérica ni en una mujer muy exigente. En lo que sí te puede convertir es en una pajera, porque bueno, uno por año… 

Encima cuando se enteran que dejaste de salir con ese talcito o que ni siquiera concretaste salida, uh lalá, agarrate, la catarata de consejos súper útiles que se te viene: “aunque no te guste de una, le tenés que dar otra chance”, “yo al principio no gustaba mucho de mi novio, pero después con el tiempo…”, “tenés que salir más”, “¿y si te movés en otros círculos?”. 

Y cuando me hablan de alguna persona a la que me quieren presentar, me suelen decir que es ideal para mí… porque es igual a mí. Pero ¿para qué quiero alguien igual a mí? Como si no me alcanzara con tenerme todos los días hace 36 años. Yo quiero a alguien diferente a mí, que me complemente. Alguien de donde exportar eso que yo no tengo o al menos eso que creo no tener (pistola, por ejemplo, si viene con eso anexado me vendría al pelo). 

Pero, más allá de cómo sea la persona, gordo, pelado, peludo, lomudo, vergudo, piltrafa, canchero, bobongo, espiritual, medio neanderthal, buen tipo, un bandido… Yo creo que cada mujer es un mundo y que amamos y nos dejamos amar de formas bien distintas. Los consejos son una hermosura y hablan del interés de esa amiga que te quiere bien. El tema es, ¿cómo es estar bien para cada una? 

Cada mujer tiene sus heridas y sus formas de sanarlas. Cada mujer siente distinto, algunas necesitamos sentir mucho para poder ir a más, mientras otras necesitan tiempo para ir amando. Algunas prefieren estar solas y es cierto. Otras eligen estar solas, pero en el fondo no es lo que quieren. Algunas mujeres agarran lo que venga. Mientras otras, prefieren esperar. 

Yo, para ser infeliz comiendo perdices en pareja, prefiero cenar rapiditas sola. Sola conmigo misma, hasta que llegue ese día en que aparezca ese otro u otra (ese Ser) que esté dispuesto a conocerme un poco más y yo también. 

Pero no me vengan con que me quede con lo que hay. Que siga probando cuando no quiero. Si siempre confié fuerte en mi instinto que lo sabe todo, ¿por qué voy a seguir a otra voz que no sea la mía personal? Ni tampoco me pidan que fuerce cosas que yo bien sé, se tienen que dar de forma natural. 

Si tenés que conocer a alguien, si es el momento y el lugar, va a ser el tipo del cable que aparece de improvisto en tu balcón. O va a ser la historia más aburrida del mundo, pero con el hombre que te guste de verdad. 

No. No me vengan con que es lo que hay. Yo quiero que el delivery del amor me traiga lo que le pido y si se equivoca, mínimo que vuelva con fritas y postre de regalo.

martes, 15 de agosto de 2017

Cuando se te caen las tetas


Cuando se te caen las tetas en el transcurso de un noviazgo, te la bancás. Porque el tipo te vio con las tetas más polentosas y después fue notando, con el tiempo, cómo se te iban cayendo. De última, a él también se le fueron alargando las bolas...

Ahora, cuando se te entran a caer estando soltera y vos todavía no conociste al One. Al papichulo ese que vas a llenar de hijos y perros. Al que decís: "sos vos, toro del cielo, por fin llegaste, sos vos". Ahí la cosa cambia porque pensás: "qué cagada, me va a conocer con las tetas a media asta. Si él supiera que una vez las tuve re polenta y que tenía el culo parado y que en algún tiempo no conocí la celulitis".

Pero bueno, como es un papichulo divino, un tremendo capo que entiende todo y por eso es el One de los Ones, el padre de todos tus cachorros (los que te de el tiempo de parir) y el afortunado acreedor de toda tu argolluela... te va a querer así como sos.

¿Qué querer? Te va a amar toda. Desde la uña encarnada del dedo gordo del pie hasta la última cana. Porque es un salado total y porque vos seguís estando divina, con las tetas medio pelo, pero con la estima intacta.

Así que, que llegue nomás. Acá lo esperamos con las tetas caídas, la panza gorda y el corazón contento.

martes, 18 de julio de 2017

Estamos en el porno


El tema de hoy es el porno y arranca más o menos así: cuando las mujeres queremos ver porno... estamos en el horno. Mismo.

Claramente no todas las mujeres somos iguales ni vivimos de la misma forma la sexualidad y la fantasía. Gracias a Dios. Sin embargo, las charlas que he tenido a lo largo de mi vida con otras mujeres, me significan una muestra representativa suficiente como para saber que el mundo del porno, siempre fue pensado para hombres.

Lo mega explícito está a la orden del día, pero además, las mujeres que aparecen en las porno, a mí no me jodas... no están gozando, la están pasando como el culo. O al menos eso parece. A mí no me pega bien ver a una mujer con cara de sufrimiento. Entiendo que eso pueda calentar a algunas cabecitas, pero algo un mínimo más sensual y menos elemental, podría estar bueno.

La cosa es que pensando en este tema, se me actualizó una teoría (Tonteoría #2) que sostengo hace mucho y es que el porno le arruina el desempeño sexual a algunos hombres. No a todos, a algunos. Tal vez ellos piensen que es al revés, que aprenden pila con la porneta, pero creéme que no...

Lo que se ve en las porno de repente se parece más a lo que ellos fantasean, que a lo que a nosotras, las mujeres, nos gusta. Y esto lo confirmé cuando conocí el sexo. Porque a la pornografía ya la conocía de mucho antes. Soy la menor de ocho hermanos, ¿sabés la de revistas que me encontraba debajo del colchón?

Y fue entonces que pensé: aaaah, claro, mirá de dónde sacan todas estas ideas raras...

  • La cachetada en las nalgas. Y vos tipo: ¿qué te pasa, man? ¿qué me pegás? Te voy a meter una piña a ver si te divierte.
  • El escupitajo en el toor a un metro de distancia. Whataaa?? ¿te pensaste que mi cola es una pileta? Después de la piña, te voy a escupir la cara y vemos si seguís con ganas de escupirme el ronma. O sea, todo bien con el uso de las salivas, pero ¿algo un pelín más sutil...?
  • El torniquete de pezón. Dale, de más. ¡¿Y si te pellizco las bolas y nos divertimos todos??
  • Las posiciones de contorsionista... Ellos súuuuper cómodos, obvio, pero vos, con una pierna a 3 mm de la frente, ¿qué onda? Avisame un cachito antes y me pongo a estirar, que con un tirón en la ciática no hay cuerpo que disfrute.
  • El glande hasta la campanilla... mmm, bueno, habría que ver... en realidad vomitar en medio del acto, como que no es muy sexy. Aparte las actrices porno deben pagarse unos cursos para báncarsela tanto rato como unas reinas y yo ando medio corta de guita, viste, prefiero estudiar bordado...  
  • El manguerazo en la jeta. Ta. Un rato sí. Pero en las porno las ves media hora disfrutando de la manguera como si fuera Carnaval y tampoco tanto... Sino, avisá y la próxima caigo de antiparras.

Aclaremos que no estoy hablando de dejar de jugar, explorar y buscarle formas divertidas y sensuales al sexo. No, no. Acá me estoy refiriendo a aplicar la misma frase que utilizo con mis sobrinos cuando se ponen a jugar y se matan a patadas: "ey, ey, ey, la idea es divertirse, no pasarla mal...".
 
En fin... Y mientras, una, en esos días de pereza que ni la imaginación te alcanza, decís: a ver... voy a mirar algo de porn... no, ni en pedo. Prefiero esperar a que me vuelva la conexión Wi-Fi mental y usar mi imaginación que, te juro, es mucho más creativa que las porno.

Es así, con el porno, chicas... estamos en el horno.

lunes, 17 de julio de 2017

Feliz aniversario, mi amor


El pasado 30 de junio cumplí cuatro años de casada conmigo misma. Con mi lado derecho de la cama. Con prender solo un enchufe de la manta térmica. Con ser dueña de mis dos mesitas de luz. Con mis acostadas a las 5 de la mañana sin necesidad de bajar la música. Con la compu sobre mis piernas para mirar alguna película de amor. Cuatro años pidiendo tres empanadas y después, un solo té.

El 30 de junio cumplí cuatro años de soltera y antes de eso mi vida solía ser así: gusté por primera vez de un niño cuando estaba en jardinera. Después, gusté durante toda la escuela de otro niño, pero nunca fuimos novios. De grandes me confesó que él también gustaba de mí. Un poco tarde. En sexto de escuela me arreglé con quien fue mi primer novio y cuando tenía 15 años, me ennovié de verdad. Pero de verdad, verdad. Estuvimos juntos seis años y fue, probablemente, una de las mejores etapas de mi vida.

El compromiso, el amor en serio y un ser amoroso dispuesto a transformar cada una de mis células, solían ser mis actividades favoritas. Mi foco absoluto de atención. Tu y yo. Todo lo demás, venía después. Cuando crecí comprendí porqué yo era así: conocí mis estrellas y entendí el poder transformador que tiene el amor de pareja en mí.

De ese novio me separé. Pero muy pronto andaría de vuelta enamorada. Amores reales, imaginarios e inventados. A los 23 me volví a ennoviar. Viajé a otro país para estar con él. Así fue durante tres años. Fui, vine, fui, volví, después me quedé y volví a volver ya para quedarme de nuevo acá, pero esta vez, sola otra vez. Al poco tiempo volví a amar. Y a los dos años volví a dejar. Más tarde, casi a los 30, tuve otro novio que duró hasta un 30 de junio de 2013.

Hace cuatro años que estoy soltera y soy una mujer totalmente distinta a la que se enamoró en jardinera, a los 15, a los 22 y a los 26. Después, ya nada fue igual. Mi corazón se asustó como se asusta un niño de las olas cuando estas lo revuelcan y de grande, ya no quiere meterse al mar a nadar. Sabe que se siente agradable, pero tiene miedo. Y aunque lo intente, con solo ver a la ola que se asoma, le invade el terror.

“No te dejás amar”, me dijo un buen hombre hace un par de años atrás y tenía razón. Pero no porque no quisiera. Es que ahora le tengo miedo a las olas y pareciera que todo es más seguro ocupando las dos mesas de luz, durmiendo sola del lado derecho de la cama y soñando sobre el costado masculino de mi corazón. Mejor sola que lastimada, sería el refrán. Y no he vuelto a amar a alguien como en jardinera ni como a los 15 ni a los 26. Ahora amo a muchas otras cosas, tal vez así sea mejor, alguna parte de mí pensó. Y me amo a mí, que no es cosa menor.

Pero lo cierto es que después de cuatro años me está volviendo a picar el bichito del amor. Así que, con este frío que hace hoy, voy a ir prendiendo los dos lados del calienta cama porque mis deseos, suelen ser órdenes para La Gran Creación.

Hay que, las pelotas

Tengo unos cuantos textos pendientes que escribir para solteras reales, pero siempre se me interpone algún escenario que amerita su relato....